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¿Cuándo dejar a los niños decidir?

¿Hay que dejar a los niños decidir? ¿Desde qué edad? ¿En qué áreas? Estas y otras preguntas suelen ser temas de debate frecuente entre padres y madres. La mayor parte de las familias están de acuerdo en que hay que fomentar la responsabilidad y la autonomía de los hijos desde edades tempranas. Pero ponerse de acuerdo en cómo hacerlo parece más complicado.

¿Hay que dejar a los niños decidir?

La responsabilidad hace referencia a la capacidad de una persona para reconocer y aceptar las consecuencias de sus actos.

La autonomía es la capacidad de las personas para establecer reglas sobre cómo actúan y cómo se relacionan con los demás. La autonomía también se relaciona con la capacidad de no depender de otras personas para conseguir algo o para llevar a cabo una acción.

Si dejamos que nuestros hijos e hijas decidan y además permitimos que ellos afronten las consecuencias de sus elecciones, estaremos haciéndoles más responsables. Así mismo, fomentar su capacidad de elección les hará menos dependientes de nosotros o de las personas de su entorno, les permitirá guiar su propia conducta y por tanto ser más autónomos.

Parece claro que la respuesta a la primera pregunta es sí. Hay que dejar decidir.
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¿Desde de qué edad se puede dejar decidir?

Hasta los 3 años de edad los niños piensan de manera egocéntrica, esto quiere decir que el niño piensa de acuerdo a sus experiencias individuales. Cree que todo el mundo piensa, siente y percibe de la misma manera que él. Su expresión y comprensión del lenguaje es más limitada. Por ejemplo, los niños en torno a 30 meses suelen entender frases de 3 palabras (“coge ese juguete”) pero le costará entender frases más largas (“¿Qué vestido quieres ponerte hoy?”).

Elecciones con opciones cerradas

Entre los 3 y los 5 años, los niños empiezan a comprender mejor el mundo social. Empiezan a ser capaces de ponerse en el lugar de los otros. A esta edad empiezan a asimilar las normas y a imitar los comportamientos que observan en sus padres y en sus hermanos. A esta edad podemos empezar a ofrecer al niño oportunidades para que realice elecciones con opciones cerradas.

Se trata de permitir al niño decidir pero entre opciones que nosotros previamente hayamos definido. La mejor manera de hacerlo es dar dos opciones distintas sobre las que el niño pueda decidir o bien dejarle decidir pero un aspecto concreto. Veamos algunos ejemplos:

Vanesa va a comprar un chándal a su hijo David de 4 años. En la tienda, cuando están en la zona de la ropa de deporte, Vanesa le indica a su hijo “Necesitas un chándal. Búscalo del color que más te guste”.

Pedro va con sus hijas Helena de 3 años y Adriana de 5 a visitar a la abuela. Van a pasar toda la tarde fuera por lo que Pedro les platea: “¿queréis llevaros los libros de colorear o las muñecas?”

Elecciones con opciones abiertas

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A partir de los 6 años los niños son capaces de hacer razonamientos más complejos y mejorar su capacidad para llegar a conclusiones. Por tanto, no solo podrá hacer elecciones con mayor facilidad sino que empezará a querer hacer esas elecciones como una forma de mostrar sus gustos y opiniones y de asentar su personalidad. A partir de esta edad podemos ofrecer elecciones abiertas o con mayor cantidad de oportunidades para que elija de un modo más abierto. Debemos tener en cuenta, que dar opciones abiertas a niños siempre supone un cierto riesgo, los niños son mucho más creativos e imaginativos que los adultos así que podemos vernos sorprendidos por sus elecciones. Si le damos la oportunidad de elegir tenemos que mantenernos hasta el final. Veamos algunos ejemplos:

Antonio de 6 años y su hermano Mario de 7 van a celebrar su cumpleaños en casa. Su madre, Ana, se sienta con ellos para preguntarle su opinión sobre algunos detalles. Ana les pregunta a sus hijos: ¿qué queréis que pongamos comer en el día que celebremos el cumple? Antonio y Mario comienzan por sus chucherías favoritas y sigue con tartas de varios sabores y batidos de helados. Ana empieza a preocuparse porque no habrá nada saludable que tomar en el cumpleaños de los pequeños.

En esta situación, en lugar de pasar por alto sus indicaciones podemos hacerles ver que puede haber niños, niños rarísimos, a los que no les gusten las chucherías o que también vendrán adultos a los que les gustaría tener otras cosas para comer. Así les ayudamos a ponerse en diferentes perfectivas y ellos mismo podrán tomar una decisión más ajustada a situación.

Marta ha decidido cambiar la habitación de Álex de 8 años que hasta ahora no tenía una zona adecuada para estudiar. Marta quiere que su hijo esté contento con su habitación y que le apetezca estar allí estudiando, en lugar de estar en el salón. Marta decide llevar a Álex a la tienda con ella para que elija de qué color pondrá las paredes y cómo serán las cortinas de su nueva habitación.

¿En qué áreas pueden decidir los niños?

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Los temas sobre los que decidir los dividiremos en función de la edad del niño o niña. Desde los 2.5 hasta los 6 años los niños tienen que aprender un gran número de normas y rutinas que son necesarias para su adaptación al mundo social (levantarse temprano para ir al colegio, compartir, seguir las indicaciones de la seño, aprender a estar sentados, etc.). A esta edad es importante no dar a elegir sobre cuestiones relacionadas con los hábitos y rutinas. Por ejemplo, no podemos dejar al niño decidir a qué hora merienda, a qué hora se va a dormir o en qué momento se cepilla los dientes. En su lugar en esta área se les puede dar a elegir sobre opciones que no afecten a la rutina, elegir el pijama, qué alimento tomar o qué pasta de dientes usar ese día. Todo esto siempre teniendo en cuenta la edad del niño a la hora de dar opciones.

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A partir de los 6 años, los niños han debido interiorizar las normas. Sin duda siguen aprendiendo y necesitando que se les guíe pero podemos permitirnos ser un poco más flexibles con ellos. Podemos dejarles elegir la cena si nos ayudan a prepararla o podemos dejarles decidir a qué parque ir a jugar. Podemos dejarles elegir la actividad extraescolar a la que apuntarse, siempre que tengan en cuenta que no podrán cambiarla hasta el año siguiente.

La clave: respetar las elecciones

Si ofrecemos al niño la posibilidad de decidir, tenemos que ser consecuentes. Por tanto, si su elección no nos gusta debemos evitar hacer intentos por convencer al niño para que elija otra opción. También debemos evitar poner gestos que indiquen que no estamos de acuerdo con lo que han elegido o decir que nosotros preferimos otra opción.
Esto es de gran importancia dado que nuestra forma de actuar será su modelo a seguir. Si queremos que nuestros hijos sean flexibles y acepten las decisiones de los demás nosotros somos los primero que tendremos que ser flexibles y aceptar lo que ellos decidan.

Mónica Valverde Salgado
Psicóloga Sanitaria. Codirectora de Gabinete de Psicología Málaga-Centro 

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