Espíritu de sacrificio: las verdaderas batallas se libran en el interior

Caerse está permitido, levantarse es obligatorio

El fin de semana del 14 de mayo tuve en mi casa a siete ‘locos’, entre ellos mi marido, que iban a participar una vez más ¡encima, reincidentes! en los 101 kms. de Ronda (@101km24H). La primera vez que mi marido decidió hacerla pensé que se trataba de una locura pasajera, pero al final se hizo realidad y hasta ‘tripitió’ (de momento). Lo de la moda de los ‘runners‘ es para dedicarle un episodio despacio, ya sabéis alrededor de los cuarenta, que si es una crisis… Pero hoy no va por ahí el tema.

Los 101 kms. es una prueba emblemática que reúne a muchos deportistas de diversa índole: van tanto profesionales como aficionados, y participan en diferentes modalidades: marchadores (van andando y/o corriendo), en bicicleta y en duatlón (que este año no ha habido).

Es la cuarta vez que asisto ‘como apoyo logístico’ a un equipo y a sus amigos y quiero deciros que es una prueba que, pese a su dureza (ahora que no escuchan ni lo leen los locos de mi casa) me impresiona cada año. Suelo ir con mis hijos a animar a los participantes: veo fundamentalmente la carrera y una parte de las bicis. Es difícil entretener a tres niños durante más de ocho horas y aparte de las discusiones propias con sus peleillas, también vienen los momentos de juego, contar a los corredores, inventarnos ‘eslóganes’… Es una jornada dura, pero de la que siempre nos llevamos mucho más de lo que damos.

Ves a amigos que no sabes que te encontrarías y compartes con ellos un abrazo, un “¡lo vas a conseguir!”; descubres la fortaleza del ser humano que es capaz de llegar a la extenuación; deportistas que pese a lesionarse intentan seguir; o incluso, algunos que tras llegar a meta caen emocionados porque han conseguido su gran proeza; disfrutas con la maravillosa organización, sólo posible por los legionarios, pero no sólo a nivel deportivo, sino humano; puedes ver a ‘Súper Paco‘, un ejemplo único de superación; observas a los equipos que pese a no tener todos el mismo nivel animan a sus compañeros y los alientan para no abandonar…

Su entrenamiento es básico y complicado, teniendo en cuenta la cantidad de carga que deben meter, contando con que no haya lesiones. Por otra parte, no es lo mismo hacerlo sólo (muy duro: debes estar muy bien de cabeza y saber competir con tu cuerpo y tu mente), que hacerlo en grupo, donde puedes apoyarte, pero ¡cuidado!, si quieren entrar como equipo deben entrar todos en meta y eso también engendra sus complicaciones.
He decidido introducir este tema a través de esta prueba porque creo que en la mayor parte de los casos se trata de una prueba de superación personal: “puedo hacerlo y lo voy a conseguir“.

¿Podemos extrapolar esto a nuestro día a día? Yo creo que sí. Me vais a perdonar (¡y mi suegra, más!), pero siento una gran admiración por los que lo realizan. Me parecen que son unos héroes capaces de enfrentarse a sus dolores, miedos, con fantasmas pasados y pese a todo, siguen participando. De todos ellos podemos extraer algunas características:

– Son personas capaces de exigirse al máximo.

– Quieren extraer lo mejor de ellos mismos por eso dedican tiempo y esfuerzo a su preparación.

– Mentalmente son personas fuertes.

– Tienen una motivación especial para realizar dicha prueba, a veces un tiempo, un récord propio, una historia personal, un fin…

Fijaos que todo lo que os he detallado son valores que desearíamos tener sin duda alguna de compañeros nuestros de trabajo. El tema es que no siempre motiva por igual un trabajo que una actividad voluntaria, una afición.

Me pregunto si cuando vemos este tipo de comportamientos, en esta situaciones, ¿podemos aprender algo de ellas? Los psicólogos dicen que las personas aprendemos en situaciones de estrés, situaciones de convivencia y momentos complicados. Las pruebas deportivas reúnen todas estas circunstancias. Por otra parte, en este tipo de pruebas no sólo los conocemos mejor, sino que ellos se descubren a sí mismos. Tienen mucho tiempo para reencontrarse con sus alegrías y tristezas y sobre todo con sus miedos.

El miedo nos enseña a conocernos mejor

El hecho de afrontar nuestros miedos, el ser conscientes de ellos, es una información muy importante para trabajar determinados aspectos en los que necesitamos mejorar. Por otra parte, si tengo que destacar algo sería el espíritu de sacrificio: ya no sólo por el kilometraje, sino por todo lo que les va a suceder mientras van en carrera.

He estado buscando bastante sobre “el espíritu de sacrificio o de lucha”. Me ha sorprendido que la mayor parte de la documentación es religiosa y militar, con algunos artículos deportivos. Respecto a esto último, se me ocurren mil ejemplos de acciones deportivas donde se observa dicha característica: los entrenamientos, especialmente los de pretemporada, los ejercicios posteriores a una lesión, el juego de pivote de balonmano (voy a ‘tirar para casa’), etc.

Esta lucha, este sacrificio lo veo fundamental en el aprendizaje de nuestros niños, pero no lo trabajamos y será fundamental para su posterior desarrollo.

Educar la voluntad de los niños

Este trabajo podemos realizarlo a través de la práctica deportiva:

10 razones por la que los niños deben practicar deporte

Y como el deporte nos ayuda tanto, por eso he escogido esta película. Hay un montón de ellas que nos hablan sobre el sacrificio y el esfuerzo: Rocky, Cynderella man, Million dólar baby, 300! (fue mi primera opción), El indomable Will Hunting… Pero al final me decidí por El guerrero Pacífico: es la adaptación cinematográfica del libro autobiográfico de Dan Millman ‘El camino del guerrero Pacífico’. Trata sobre un chico joven que lo tiene todo en su vida, pero no es perfecta; algo falla en su interior. Un día tiene un accidente de moto y descubrirá una nueva forma de vida, aprenderá a superarse y a crecer como persona, ayudado por un guía muy especial.

Pues sí, la fuerza de voluntad es entrenable, aunque a día de hoy esté denostada. Goleman (@DanielGolemanEI) dice que aquéllos que han dedicado tiempo a cultivar su fuerza de voluntad han invertido en su educación y en su felicidad. Si verdaderamente sabemos que aspectos como la voluntad, la disciplina, el sacrificio, la fuerza de voluntad, son tan importantes ¿ no merecería la pena que dedicásemos algo de tiempo a trabajarlos?

Fijaos en este experimento:

Con esta prueba se buscaba ver la capacidad de autocontrol en los niños a principios de los 70 por Walter Mischell en la Universidad de Standford. Estudió a 600 niños con edades comprendidas entre los 4 y los 6 años. Lo más interesante es que tras 20 años Mischell realizó un seguimiento de los participantes y observó algo curioso: aquéllos que se habían contenido a la hora de coger las nubes eran más exitosos en los diferentes aspectos de su vida personal y profesional. ¿Curioso, no?

Aquí tenéis una explicación divertida sobre el experimento y su realización en diferentes zonas:

Si intentamos trabajar en ellos esta capacidad y los reforzamos positivamente, conseguiremos grandes logros, al menos comenzaremos a sembrar para que en un futuro puedan usarlo por ellos mismos. Hemos hablado varias veces de la importancia que tienen los refuerzos en el crecimiento personal y profesional; es decir, si intentamos trabajar la disciplina y la formulamos dando una retroalimentación en positivo, veréis que la motivación cambia, mejorando las expectativas que tiene el propio niño. Y esto es fundamental porque la mayor parte de las veces si sus expectativas son altas, sus resultados van acordes con ellas.

El miércoles en una tutoría de la clase de uno de mis hijos su tutora nos dijo que le preocupaba muchísimo que su capacidad de atención era muy reducida. Estamos hablando de niños de 6 años, pero es cierto que hay que trabajarla: aquí podemos introducir diferentes variantes, por ejemplo, mientras esté haciendo lo que le hayamos dicho debe ser plenamente consciente de lo que realiza, y además intentar hacerlo bien; podemos empezar por las tareas domésticas. Aquí os dejo un cuadro que presentó una de las madres de dicha reunión, me parece muy interesante:

 

Cuadro tareas del hogar para niños

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Y esta semana, la receta deberían ser las barritas energéticas que les llevé a esos locos que corren”, pero como hemos hablado de esta prueba emblemática rondeña, voy a proponeros otra: mi abuela vivía en un pueblecito muy pequeño junto a Ronda, Parauta. Cuando pasaban los Santos, mi padre iba a recogerla y siempre me traía bollos de leche. Recuerdo una emoción especial cuando mi padre llegaba a casa: mi abuela y un cartucho de papel anudado con una cuerda que olía a gloria.

Bollos de leche:

Esta receta es de Ana Sevilla, aquí os la dejo con la thermomix por si os resulta más fácil:

– Panecillos de leche de naranja

Ingredientes:

– 50 de agua
– 100 de zumo de naranja
– 1 dadito de levadura fresca
– 600 g. de harina de fuerza
– 150 de leche entera a temperatura ambiente.
– 30 g. de mantequilla, también a temperatura ambiente
– 1 huevo
– una cucharada sopera de azúcar, ralladura de una naranja
– dos cucharaditas de sal, una cucharadita de agua de azahar y otra de vainilla
– harina para manejar la masa, huevo y leche para pintar los bollos

Elaboración:

En un recipiente grande disolvemos la levadura en la mezcla de agua y zumo templada ¡cuidado no debemos calentarlo! Poco a poco vamos a ir

Bollos de leche

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echando cada uno de los ingredientes y moviendo para ir haciendo la masa. Al principio vais a ver que está muy pegajosa, de hecho, una vez terminada, es una masa que cuesta despegarla. Haremos una bola y la introduciremos en un recipiente y allí la dejaremos elevar (dejé casi dos horas), tapada con un paño.

Una vez que ha crecido la masa, hacemos los bollitos con la forma que deseemos y precalentamos el horno a 200 grados. Una vez listos, le hacemos unas pequeñas muescas con un cuchillo, afilado y húmedo, y los pintamos con huevo. Hice algunos alargados a los que les eché un poquito de azúcar por encima y canela, como recordaba los de Ronda y otros redondos, sin nada.

Al horno sólo 12 minutos, bajando un poco la temperatura, los puse a 180; en otras recetas veréis que los precalientan a 220 y antes de meterlos bajan

Bollos de leche

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a 200 grados, pero mi horno es muy fuerte y por eso los hago con menos temperatura. Una vez que los saquéis los pintáis otra vez, pero ahora con

leche. Aquí los tenéis, ¡a ver si quedan para la merienda!

Para terminar , mientras degustáis los bollos, me gustaría dejaros este otro ejemplo de disciplina y esfuerzo.

Creo que ya sobran las palabras.

Que os vaya bonito

Maribel B.
@_MaribelBP

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