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La vida me arrolla

Post de ciudadana

Venga, vamos, que ya está aquí la Navidad y no has comprado aún los Reyes, ni los mantecados, ni tienes el modelito de Nochevieja. Venga hombre, que estamos ya a veintitantos de noviembre, la calle Larios que se cae con sus luces y su música, y tú sin comprar ni siquiera la Lotería. ¡Ahh, que no, que tú no eres de esos ‘poco previsores’ que todavía no saben ni qué postre van a llevar a la casa de la suegra en Nochebuena, que tú lo tienes todo ya controlado! Pues yo sí, a mí me arrolla año tras año la Navidad y la Semana Santa y Halloween y los Carnavales y todo lo que haya que celebrar. Y por pillarme, me pilla hasta la vuelta al cole, y es que yo no puedo con esta vida, que tenemos que estar siempre pensando en lo que va a llegar dos meses antes, que no, que me planto, que me pilla el toro y la vaca y todo lo que me persiga.

Pero claro, siempre tengo problemas, pues parece que voy de ‘extemporánea’, total que voy comprando y pidiendo cosas cuando ya no hay. ¿Cómo es posible que te puedas recorrer todos los supermercados de tu barrio, de cadenas distintas, un 30 de diciembre buscando turrón de Jijona y no encontrarlo por ningún estante? ¿Cómo se te queda la cara cuando ya, aburrida de dar vueltas, vas y le preguntas a la cajera y te mira ‘ojiplática’, con una cara de “¿y esta tía en qué país vive?” y te dice “¿¿¿turrón??? Señora, ya no hay”. Y tú, toda digna, le dices “nena, es que yo voy a hacer para mañana una mousse de turrón, para la cena de Nochevieja, y no lo pensé en noviembre, lo decidí ayer”. Y claro, después de esto te tienes que ir a El Corte Inglés, que siempre hay, y que yo ya sabía que si quiero hacer ese postre en agosto tengo que ir ahí o a Casa Mira pero en diciembre, ¡qué horror! Cosa parecida me pasa con la lotería, no puedo con la lotería en agosto, cuando vas de vacaciones, con un calor sofocante y vendiéndote lotería de Navidad. Y siempre hay alguno en el grupo que dice: “venga, un décimo a medias”. Y yo que me llevan los demonios. Nunca me va a tocar la lotería que se venda en sitios turísticos, nunca. Me declaro incapaz de comprar lotería de Navidad antes de diciembre, no puedo…

Otra cosa que me arrolla es la vuelta al cole y este verano contemplamos con cierto estupor los típicos carteles publicitarios anunciando la tan temida fecha, pero ¡¡¡a finales de junio!!!, y yo pensé ¿se les habrían quedado olvidados del septiembre pasado? No me podía creer que eran para este curso, yo que aún llevaba las notas del niño en el bolso…. ¡¡Madre mía!!!! Pero claro, luego lo entendí cuando en septiembre fuimos al Carrefour a comprar libretas y otro material para los niños, en la primera semana de clase, que no era más tarde, y ya no había casi nada. Lo poco que quedaba estaba recluido en un rinconcito y daba hasta pena, porque quedaban solo los modelos más horteras, y claro, es que llevaban más de dos meses de campaña, ¿qué quería encontrar yo? ¡¡Pobres de mis hijos si hubiesen llevado uniforme, a ver quién es la guapa que hubiese encontrado su talla en septiembre!!!

Y así con todo, vamos devorando esta vida que vivimos deprisa, que no esperamos que llegue el momento, que vivimos a velocidad de vértigo y tenemos que anticiparnos a todo y tener todo organizado y controlado para cuando llegue el momento. Y cuando llega pues ya lo hemos ‘descontado’ como dirían los financieros. Y no me gusta, a mí no me gusta. Yo no soy previsora, no lo soy ni lo quiero ser, y me obligan a hacerlo o a estrellarme con el calendario. Yo siempre he comprado la última el disfraz de la fiesta del cole, he llegado la última con el sobre del Domund, he comprado los regalos de Reyes el día 5 y la Lotería no antes del 15. Yo que quiero comprar las entradas del teatro el día de la función, que quiero reservar en el restaurante un par de horas antes de ir, que quiero ir a comprar una máscara el día de Halloween…A mí, esta prisa que les ha entrado a todo el mundo me está obligando a anticiparme, o cuando llego a encontrarme la frase esa de “ya no hay, señora” y no puede ser. Tú, ese que lo tiene todo controlado, ¿puedes parar un poco?, ¿puedes esperar que llegue la fecha para actuar?, ¿puedes vivir tranquilo mientras? Date un paseo, lee un libro, ve una serie (que ahora hay plataformas y puedes hartarte a capítulos, uno detrás de otro) Hombre, para, ¡que me llevas al trote!

No puedo con esta vida, no puedo. Ya sé que lo he dicho muchas veces en este post, pero es que lo pienso y lo digo, y es que encima no puedo hacer nada, ya que sufro los daños colaterales de los previsores, o ‘fuguillas’ más bien. Si no fuera por ellos, yo podría ir a comprar las cosas en su tiempo, como antes, como cuando yo era niña que la Navidad empezaba con la lotería y ese día se sacaba el árbol y el belén y no antes. Eso duraba sus dos semanas correspondientes y listo, a otra cosa, mariposa. Ahora no hemos soltado Halloween, que antes eran ‘Los Santos’ y solo hacíamos faroles de melones ese día, y como mucho los hacíamos el día de antes, cuando ya estamos con las luces y con los turrones en el supermercado. ¡¡¡Y hoy he ido al Mercadona y he visto Roscones de Reyes! ¿Estamos locos? Y yo seré la ingenua que iré a comprar un Roscón el día 5 de enero y de nuevo me mirará la cajera y me dirá “¿¿¿Roscón??? ¡Ya no hay, señora!”


Ana Sancho

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