Profes, la buena educación

Maestros, La buena Educación

“En cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da”
Antonio Machado

Este verano en la playa me encontré a una vecina que me preguntó a qué colegio podía llevar a su niño. La verdad es que a los padres se nos eriza el pelo en el momento en que tenemos que rellenar la solicitud y poner más de un colegio. Mi comentario fue el mismo que siempre doy, ¿qué tipo de Educación buscas? Por supuesto, dentro de la cercanía, hay muchas cosas dónde elegir: en primer lugar informarse cuáles son nuestras prioridades en materia de enseñanza (p.e., idiomas con centro bilingüe, religión…), cuál es el ideario del centro o el fin que persigue, sus horarios, las especialidades, su metodología y al final como todo, además de un centro que funcione bien, dependerá del maestro o maestra que le toque a tu hijo.

Siempre cuento que yo fui a entrevistarme con las direcciones de cada uno de los colegios a los que podía ir mi hija ¿y por qué no? Nuestros hijos van a pasar como mínimo nueve años en un centro ¿y no nos vamos a preocupar por cómo es? Recuerdo que les sorprendía notablemente mis preguntas, no entendían qué hacía allí. Jajaja. La verdad es que aprendí muchísimo. En general, los enseñantes de la pública no sabemos vendernos, alguno añadirá “que no nos hace falta”, pero no nos equivoquemos, hacemos muchas cosas, pero como dice mi amiga Carmela “¡qué mal nos publicitamos!”. La concertada se oferta un poco mejor y la privada marca la diferencia. Es normal, de lo contrario, se queda sin clientela.

Tras esta autocrítica vamos con el siguiente aspecto: una vez que hemos elegido nuestros posibles centros. Lo normal es que vaya a algunos de los primeros centros que hemos elegido, pero no nos desviemos: supongamos que ya está dentro y ahora la lotería, ¿quién le va a tocar? En este momento, se nos agolpan miles de dudas que poco a poco iremos desvelando.

Hoy me gustaría romper una lanza en favor de los buenos maestros, de esos tutores anónimos que dedican gran parte de su tiempo a enseñar y educar. Ésos que son capaces de ser cercanos con las familias y que saben que necesitan ganárselos y que les ayuden, de lo contrario, no llegará nunca a sus alumnos.

Aunque no os lo creáis, conozco muchos casos de maestros implicados, trabajadores y preocupados no sólo por su labor, sino porque el niño no duerme, porque esta niña viene todos los días sin desayuno, porque se ha dado cuenta que su alumno hace cosas extrañas… He tenido la suerte de conocer a muchos de ellos, de hecho, trabajo con unos cuantos. Son unos súper héroes cuya labor trasciende la de la Enseñanza. Uno de estos ejemplos es el de una mis compañeras. Me va a costar un mundo escribir este post, pero se lo merece.

Se llama Dioni y es logopeda. Llegó a la enseñanza tras un largo bagaje y con una mochila llena de experiencias. Estuvo en los equipos de Orientación y un día aterrizó en mi colegio. Es cercana, trabajadora, vitalista, alegre, entusiasta y una gran profesional. Tiene la sabiduría suficiente como para saber perfectamente cuando decir un “sí” o un “no” y mantenerlo, sin necesidad de gritar o quedarse en el empeño. Es una artista y no, no exagero: canta, pinta, escribe… Y para colmo, es mi amiga.

Sé de lo que hablo. Además de llevar ya mis añitos en esto de la enseñanza, vengo de familia de maestros. Los he conocido y muy buenos, de hecho, mis padres fueron de este tipo que comentaba. Fijaos cómo serían que a mi padre aún me lo sigo llevando de vez en cuando a mi colegio porque, a día de hoy, sigue enseñándome.

Os dije que me iba a costar escribirlo porque llevo varias semanas triste: el diecinueve de este mes mi amiga se jubila. Ya ha cumplido con creces su labor profesional y ahora tiene nuevas metas y caminos que emprender.

Echaré de menos su participación en todas las ‘locuras’ que se me ocurren: nuestra escuela de Familia, que salió adelante gracias al trabajo y al esfuerzo de ella, entre otras; los días especiales en los que además de participar traía algo de dulce para compartir; las ocasiones en las que precisas un empujón para seguir hablando y ella te miraba y te decía “si crees que tienes que decirlo, dilo”; añoraré ese abrazo cercano cuando te hundes, cuando ella aparecía siempre para apoyarme y no para darme un consejo, sino desde su experiencia, hacerme un comentario… ¡Ay, cómo te voy a echar de menos! No te creas que no me alegro de tu nuevo devenir, llámame si quieres egoísta, sí, pero no sabes cuánto te voy a extrañar.

El viernes escuchaba en Radio Nacional de España, en el programa del ‘Ciudadano García’, una entrevista que Sierra le hacía al psicólogo Alfredo Hernando, autor del proyecto “Escuela 21”, en la tercera hora. Os la recomiendo.

Además, nos dejó su enlace totalmente gratuito para descargárselo, donde los maestros veremos prácticas educativas. En sus palabras “lo que se comparte, suma”, ¡por supuesto!

Este es el trailer que da nombre al artículo, aunque si hubiera pensado en mi compañera, tendría que haber puesto a Temple Grandin, o algo de su admirado Oliver Sacks; en fin, como se trata de buenas prácticas creo que ésta os encantará:


Y hablando de buenos maestros, supongo que conoceréis a César Bona, si no, os lo presento: ha sido finalista del ‘Global Teacher Prize’. Algunas de sus frases han transcendido a los medios, como por ejemplo: “Los niños vienen con la imaginación instalada de fábrica y la misión de los maestros es abrir la puerta para que los niños saquen todo lo que tienen dentro…” Totalmente cierto, pero he de deciros que pese al momento actual que vive la Educación española, existen muchos “Bona” en los colegios, somos afortunados porque tener un buen maestro o maestra favorecerá el maravilloso futuro de nuestros hijos. Aquí tenéis una noticia suya por si queréis conocerle un poco más:

César Bona: “La escuela debería enseñar a reflexionar y no a hacer tantos exámenes”

Si tuviera que poner una receta, pondría una de las que más le gusta a Dioni: la torta de aceite, pero como ésa ya la hemos hecho, vamos a por los Fosquitos, ¿Por qué? ¿Y por qué no? La receta no es mía, es de Pepe Kitchen, otro maestro de la repostería, aunque aquí os dejo algunos pequeños cambios. Lo sé. Soy una osada, pero me encanta probar y así están deliciosos. De todas formas, aquí tenéis el enlace original.


Ingredientes
:

Para el bizcocho:

– 6 huevos
– 200 g de azúcar
– 200 de harina de repostería
– un poquitín de canela y de cáscara de naranja muy ralladita

Para el relleno:

– 400 de nata para montar
– 80 de azúcar en polvo
– un poquito de vainilla
– mermelada de fresa

Para el glaseado:

– 400 de chocolate negro de cobertura
– 100 cc de leche

Elaboración:

Primero haremos el bizcocho: montaremos las claras y apartamos. Montamos las yemas con el azúcar y añadiremos la raspadura y la harina. Para terminar sumamos las claras con movimientos envolventes. Engrasamos una bandeja de horno y echamos nuestra masa, que debe quedar totalmente extendida. Al horno a 180 grados, previamente precalentado no os olvidéis. No debe quedar muy dorado, así que entre 15 y 20 minutos. Dejamos que repose unos minutitos y cuando aún esté caliente, lo desmoldamos y recortamos los bordes para que no nos quede ni feo ni duro. Ayudándonos de un trapo lo enrollamos para ir dándole forma.

Volvemos a extenderlo y lo rellenamos (si lo queréis más tierno podéis ponerle un pequeño almíbar, yo no se lo puse). Extendemos la nata (que previamente habremos montado con el azúcar) y la mermelada de fresa. Ahora lo enrollamos. Como soy muy golosa volví a ponerle encima otra capa de nata.

Receta de fosquitos

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Al frigo un poquito para que solidifique. Si no queréis ponerle más nata no pasa nada, lo envolvéis en el plástico transparente y al frigo.
Mientras, preparamos el glaseado: yo lo hago al baño María, así controlo mejor la temperatura del chocolate.

Cortamos nuestro bizcocho y bañamos en chocolate.

Receta de fosquitos

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Al final, además de los fosquitos hice un brazo gitano mini.

Receta de fosquitos

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¡Os encantará y los disfrutarán, os lo aseguro!

Si conocéis un buen maestro o maestra que haya marcado vuestras vidas, que os ilusionara, que alguna vez os dijera que lo conseguiríais, dadle las gracias y valoradle su esfuerzo y su ilusión. No son una especie en extinción, creedme, pero la vocación es algo maravilloso y, ésa, no se estudia.

Mil gracias Dioni por haber ilustrado estos años en nuestro colegio. Te deseo lo mejor.

Y a vosotros, que os vaya bonito.

Maribel B.
@_MaribelBP

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