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¿Qué debemos esperar de un juguete?

Ahora que ya han pasado las fiestas navideñas, con sus compras, regalos y la visita de los reyes Magos, me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones sobre uno de los protagonistas, sin duda, de estos días de locura consumista: los juguetes.

¿Os ha pasado alguna vez por Navidad o el cumpleaños de vuestro peque que se os ha “colado” en casa entre todos los regalos, muy a vuestro pesar, el juguete “maquiavélico”? Sí, sí… ese con mil luces, colores y sonidos espantosos que te acaba volviendo loca pero que deja boquiabierto a vuestro hijo o vuestra hija.

Y una, como madre, en ese instante se pregunta en primer lugar, ¿qué he hecho yo para merecer esto? Y en segundo lugar, y más importante: ¿qué debemos esperar de un juguete?

En el mercado te encuentras de todo. Soy de la opinión de que los juguetes son (o deberían ser) más que un mero entretenimiento para los niños y niñas. Hay diversos estudios, en concreto, un experimento reciente que se llevó a cabo en la Universidad del Norte de Arizona de EEUU, que concluye que el uso continuado de juguetes electrónicos que reproduce luces, canciones y palabras estaba asociado con una disminución notable en el desarrollo lingüístico de los infantes, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, en comparación con un uso habitual de juguetes tradicionales, como cuentos, puzzles de maderas o bloques de construcción.

Lo ideal es que los juguetes sirvan para estimular a la vez que divierten. A edades tempranas, como mejor aprenden es jugando, así que una opción recomendable es elegir juguetes educativos, acordes con su edad, que fomenten sus habilidades y capacidades (motoras, lingüísticas, de pensamiento lógico, la creatividad…) y que sean sugestivos, es decir, que favorezcan la actividad del niño o la niña pero sin sustituirla, siguiendo la premisa de una frase con la que me topé recientemente navegando por internet: “cuánto menos cosas haga un juguete, más cosas hará la mente del niño”. Además de valor pedagógico, y no menos importante, deben contar con condiciones de seguridad y solidez (que no se rompan fácilmente) para que no comprometan la salud de los más pequeños de la casa.

Y si además son de madera pues mejor. ¿Por qué SÍ a los juguetes de madera?:

1. Por la simplicidad del diseño: los juguetes cuanto más simples, más valor educativo llegan a alcanzar. Cuanto menos estructurados, más se potencia la imaginación y la creatividad.

2. Estimulan los sentidos de niñas y niños de forma natural: principalmente a través de los sentidos del tacto y del olfato. Es evidente que, al tratarse de un elemento natural, la madera, ofrecen muchas más posibilidades sensoriales que los juguetes de plástico. También para la vista resultan estéticamente más agradables y cálidos.

3. Son más resistentes, duran más. Por tanto se pueden conservar mucho tiempo y que otros niños y niñas los reutilicen en un futuro, ayudando a respetar el medio ambiente. Su resistencia también favorece que con su manipulación existan menos riesgos de lesiones que cuando se manipulan juguetes de plástico.

4. Son más ecológicos que los de plástico, que por su composición y producción son poco recomendables. Están hechos con petróleo (recurso natural no renovable) al que se le añaden ciertos aditivos químicos que pueden perjudicar la salud de nuestros pequeños a largo plazo y la atmósfera. Eso sí. En el mercado existen muchas marcas que fabrican juguetes de madera. Algunas no aplican medidas muy respetuosas con el medioambiente en su proceso de elaboración y otras sí: usan madera recolectada en bosques gestionados, reciclada, de árboles viejos, fabricados a mano, libres de productos químicos tóxicos, etc.

Uno de los “contras” que muchas veces nos puede frenar a la hora de decantarnos por la compra de un juguete de madera es el bolsillo. Si bien es cierto que suelen ser más caros que los de plástico (y sobre todo, si son ecológicos), los beneficios, como ya sabemos, son numerosos. Además…que creo que es mejor invertir en uno ó dos juguetes a que mi hijo crezca con una sobresaturación de objetos. Por una cuestión ecológica y de transmitir a nuestros hijos e hijas valores como el consumo responsable, ¿no os parece?

 

Mercedes Cordero
Educando en Red
www.educandoenred.net
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