Sobre estereotipos

 

“Si solo cantaran los pájaros que mejor lo hacen, los bosques serían demasiado silenciosos”
Henry Van Dike

Ha llegado el final del curso: Es momento de hacer balances y reuniones, ¡muchas reuniones!; pero antes, debemos celebrar el final de un tiempo, un tiempo para el recuerdo, para el olvido, para enmarcar, para soñar o, incluso, para esperar. Como os habréis imaginado me estoy refiriendo a las fiestas de fin de curso. ¡Me encantan este tipo de celebraciones! ¡Sí, qué vamos a hacerle, soy de festejar! Quizás es una de las cosas que mi madre me dejó: la vida es suficientemente complicada para complicárnosla más, así que vamos a aprovechar el momento en el que estamos y VIVIRLO. Por eso creo que disfruto tanto.

Me da mucha pena de los colegios que han dejado de hacer la fiesta fin de curso o la de Navidad ¿Por qué? ¿Es muy costoso? ¿Nos da mucho trabajo? ¿O es más cómodo no realizarla?

He estado en colegios donde no se hacía nada, incluso en algunos donde vi más de un problema porque no querían que los padres participaran, pero siempre me pregunto lo mismo: si no doy ¿puedo exigir? Complicada respuesta. Aunque yo la tengo clarísima. Seguimos hablando de Comunidad educativa y hacemos separaciones; después queremos que nos apoyen, que nos escuchen, que nos ayuden… Es imposible.

En este tipo de fiesta gano mucho más de lo que doy, tanto como maestra como persona. Es cierto, que como soy de Educación Física, a través de la Expresión puedo desarrollar determinados contenidos que siempre me sorprenden. Os va a parecer una cursilada, pero es cierto: descubro aspectos de mis alumnos que desconocía, conozco mejor a las familias, convivo más con los niños y me sirve para educar. Sé que es complicado, que hay que echarle muchas horas, que no siempre tenemos ganas y que el esfuerzo es grande, pero personalmente a mí me compensa. Y mucho.

Este año la hemos dedicado a las familias sudamericanas. En mi centro hay muchas. Así que decidimos hacer una pequeña representación de los cantantes latinos más famosos con sus diferentes estilos musicales y terminar con un baile coral donde participaban seis cursos a la vez y los niños de procedencia sudamericana llevarían las banderas de sus países. El lema era “Unidos por la música”: El objetivo de esta representación, además de conocer otro tipo de cultura, tenía un doble mensaje: por un lado honrar a las familias que un día lo dejaron todo y comenzaron una nueva vida alejados de sus seres queridos con mucha ilusión y sueños y, por otro, valorar la importancia de la riqueza cultural y evitar la xenofobia.

Tenemos muchos alumnos de distintos países (Brasil, Venezuela, Colombia, Bolivia, Paraguay, Perú, Ecuador, Argentina y Cuba) y, aunque no se dan muchos casos de racismo, sí hay determinados comentarios o insultos que molestan.

Nuestras aulas se han llenado de alumnos venidos de diferentes países, con distintas razas y costumbres, y eso, pese a lo que algunos crean, siempre es positivo.

En una de nuestras reuniones, cuando valoramos a los alumnos nos damos cuenta de sus características generales, sobre todo, y algunas particulares, pero no siempre llegamos a conocerlos al cien por cien. En este final de curso me ha llamado la atención un regalo que le han hecho a una de las seños de primero: era un montaje de fotos muy chulo con música y me lo envió una mamá para que lo viese. Me encantó, la felicité y le pregunté quién lo había hecho. Es cierto que hoy día todos manejamos determinados programas y de forma casera podemos hacer este tipo de montajes. Mi sorpresa fue cuando me dijo que lo había hecho una de mis alumnas, una niña de quinto. Al día siguiente, en otra de las reuniones que teníamos, fue una de las primeras cosas que conté: no conocemos todo lo que nuestro alumnado puede dar de sí y es sorprendente. Nos basamos en conocimientos y desarrollamos pocas habilidades, con lo que existen muchos campos que están quedando vacíos.

Mirad, cuando nos fijamos en un tipo de alumnado, característico de determinada zona, podemos deciros cómo es, sólo por su procedencia: si son niños cariñosos, respetuosos, obedientes, si son un poquito flojos o tienen un entrenamiento casi militar, si suelen tener un ritmo muy lento o por el contrario son casi mecánicos y muy rápidos para las matemáticas… Son estereotipos y muchas veces nos dejamos llevar por ellos, sin percatarnos de las singularidades individuales de cada uno. No es que los puntuemos por su procedencia, pero sí que a veces pecamos de ver generalidades, cuando cada niño es un mundo: el otro día encontré este enlace que se lo envié a una maestra de mi cole que ya tiene mucho aprendido y que tiene una ilusión grandísima por seguir creciendo como maestra. Su sensibilidad le hace ver y descubrir el “otro yo” de alguno de sus niños, siendo capaz de articular mecanismos para calmarlos, para hacerles reír, para inducirlos a trabajar, para responsabilizarlos… En fin, una virtuosa. Se lo diría a los nuevos maestros, pero también lo haría extensible a todos los que llevamos ya nuestros añitos: siempre hay algún niño que te sorprende y que te enseña algo nuevo:

Tuits para futuros maestros (y no tan futuros)

¿Y el vídeo del inicio por qué? ¿Os ha gustado? Es una verdadera delicia. Os contaré la historia porque como siempre viene al caso: en enero de 2007 en una estación de metro de Washington un hombre blanco interpretó con un violín durante casi cuarenta y cinco minutos piezas de Bach. Durante el tiempo en el que estuvo tocando sólo siete personas se pararon a escucharlo y veinte le dieron dinero: un total de 32 dólares. Este violinista terminó de tocar y se marchó sin escuchar aplausos ni ser aclamado por el público. Era nada más ni nada menos que Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, que esa mañana tocaba con un Stradivarius del siglo XVIII, valorado en tres millones y medio de dólares. Estaba realizando un experimento que fue llevado a la práctica por el diario The Washington Post. Buscaba comprobar si las personas somos capaces de apreciar el talento y la belleza fuera su marco convencional.

Un excelente violinista que no consigue frenar el ritmo intenso de la mañana. Un hombre con vaqueros, camiseta y gorra de béisbol que cuando estuvo en el Boston Symphony Hall, vestido de gala, lo llenó: a 100 eurosla butaca, para el que es casi imposible conseguir entradas.

Moraleja: cuando no estamos atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, nos perdemos cosas maravillosas del camino. Lo mismo sucede con las personas que nos rodean: muchas veces nos dejamos llevar por convencionalismos y estereotipos y perdemos oportunidades fantásticas de conocer a alguien increíble.

Ahora vendría la conocida frase de John Lennon “La vida es aquello que sucede mientras nos ocupamos de hacer otras cosas”.

A veces nos sorprenden otras personas, e incluso nosotros mismos: mirad este vídeo que hace unos días me pasó un compañero:

¿ No os parece increíble? Ya lo he guardado para el próximo curso, creo que tenemos mucho que aprender. Los estereotipos nos merman nuestra forma de ser.

Ahora que empiezan las vacaciones, os propongo un par de pelis relacionadas con este tema: Zootrópolis, para ver con los niños (no os perdáis el último alegato de la protagonista), y Grita libertad, para mayores (dura, sobre los peores episodios de racismo de Sudáfrica).

Un mundo abierto comienza por abrir nuestras mentes y la de los nuestros. Al fin y al cabo somos ciudadanos del mundo, ¿o no?

Que os vaya bonito.

Maribel B.
@_MaribelBP

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *