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Cómo afrontar septiembre y no morir en el intento

Cómo afrontar septiembre y no morir en el intento

Llega septiembre y con él, el inicio del curso escolar para los niños, y el principio de año para muchos. Ver el nuevo catálogo de Ikea en nuestro buzón es sinónimo de que se acabaron las vacaciones y empieza de nuevo el cole. Ilusiones, sí, a montones. Pero cuidado porque septiembre es, al igual que enero, el mes de los buenos propósitos para madres y padres y de los objetivos por cumplir. Y luego llega octubre y noviembre y nos damos cuenta de que los objetivos eran algo inalcanzables y nos desmotivamos y tiramos la toalla antes de acabar el primer trimestre.

¿Cómo podemos empezar el curso sin desfallecer por el camino?

Si miramos hacia atrás, podemos ver en qué hemos fallado en ocasiones anteriores para no volver a tropezar en la misma piedra. ¿Qué metas nos propusimos el septiembre pasado y fuimos incapaces de cumplir? ¿Gimnasio, ahorro, dieta quizás? Sí, todo eso es lo de siempre y no voy a venir yo a repetir lo que ya se ha dicho hasta la saciedad. Lo que debemos aprender es una forma nueva de hacerlo. Todos sabemos cuáles deben ser los nuevos propósitos (pues cada uno conoce bien su tendón de Aquiles) para el nuevo curso. Y en lo de intentar ser buenos padres (super-padres o super-madres) no hay quien nos gane.

Mi propuesta para este septiembre es que empecemos poniéndonos metas realistas, que sepamos que vamos a poder cumplir. Y que impliquemos a los niños en la consecución de esos objetivos.

En primer lugar, para empezar bien el curso, creo que nos debemos plantear como una meta la dieta saludable. Es decir, independientemente de que el niño o la niña coma a diario en el comedor escolar, en casa debemos tener productos sanos para poder ofrecerle a los niños de merienda y de cena. No digo que puntualmente no podamos darle al niño un phoskito para merendar, digo que eso debe ser la excepción, frente a la merienda de fruta o pan y lácteo que recomiendan algunos nutricionistas.

Es conveniente fijar en casa un horario para que los niños se vayan a la cama. Ese horario debe estar planteado en función de las necesidades de los niños y no de los padres. Me refiero a que los niños deben irse a la cama pronto, pues necesitan dormir más horas que los adultos, aunque la mayoría de ellos guerreen por acostarse tarde. Y también debe ser un horario realista, es decir, el ideal de acostar a los infantiles a las 8 de la tarde no es viable si los padres salen del trabajo a las 7 y deben duchar a los niños, preparar la cena, cenar, etc. En estos casos, nos pondremos un horario que nos sea más fácil cumplir y nos genere menos estrés, pero los niños deben dormir un poco la siesta en esos casos para cubrir sus necesidades de sueño.

El ejercicio físico es fundamental para los niños, y de paso para los adultos también. Tanto es así que deberíamos incluirlo en nuestros buenos propósitos para este septiembre. Y si es al aire libre, mejor que mejor. Volviendo a lo de las metas realistas, tenemos que tener en cuenta cómo encajar esto en nuestro día a día. Seguramente no todos los niños querrán hacer como actividad fútbol, baloncesto o danza como quizás no sea sensato proponernos salir a correr todos los días o llevar al niño al parque cada tarde. Pero sí, quizás, ir a las actividades extraescolares andando en lugar de en coche.

Éste es el punto que más bajas causa en la lista de buenos propósitos, y por tanto que requiere más esfuerzo. Pero sabemos que el sedentarismo es uno de los grandes males de la infancia en este momento y sabemos también que es causante de multitud de problemas de salud. Nada más que por eso, merece la pena hacer un esfuerzo extra y acostumbrar a nuestros hijos a ir más a pie y menos en coche, pues el solo hecho de andar ya es ejercicio físico. Intentemos que el ejercicio físico (deporte, baile, danza…) vaya formando parte de su vida.

Y para acabar, considero que este septiembre más que nunca, podríamos ponernos una meta nueva, más compleja, pero fácil de llevar a cabo y que a los niños les va a encantar. Se trata de enseñar a los más pequeños la regla de la Triple R (Reducir, Reutilizar y Reciclar). Es una forma de cuidar nuestro planeta, a la vez que enseñamos valores que encajan con nosotros. Desde empezar a separar la basura en los contenedores destinados a cada fin, hasta la importancia de no comprar cosas que ya tenemos y que podemos volver a utilizar o dar una nueva vida. Algo de lo que se quejan la mayoría de los padres a los que atiendo en consulta es que sus hijos no valoran todas las cosas que tienen porque, entre otras cosas, tienen demasiadas, me cuentan. Pues podría ser un reto para este año comprar menos y reciclar más. Y así le enseñamos el valor de las cosas mientras cuidamos del planeta.

10 en Conducta

Elisa López

Email: psicologa@10enconducta.com

Teléfono: 600 750 453

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