La acción humana es indudablemente la de mayor impacto negativo sobre las especies que pueblan el planeta. Y es que la mano del hombre ha sido la consecuencia de que, en los últimos siglos, hayan desaparecido animales tan emblemáticos como las tortugas gigantes de las Galápagos, a las que actualmente protege y conserva Bioparc Fuengirola.

¿El motivo? De forma directa, la caza y el tráfico ilegal de estas especies. Y de forma indirecta, la deforestación, la transformación del uso de las tierras o el propio cambio climático. No solo las nombradas en el párrafo anterior, son muchas las especies que a lo largo de la historia han sufrido la interferencia humana como el tigre de Java, la foca monje del Caribe, el lobo de Tasmania, la quagga u otros más lejanos como los moas o los dodos.

Entre las especies afectadas negativamente por la acción humana, destacan las endémicas de las islas como es el caso de las tortugas gigantes de las Galápagos. Estas tortugas,, con hasta 400 kilos de peso y 2 metros de longitud, son consideradas las mayores tortugas terrestres que viven hoy día. Aunque al menos cinco han desaparecido desde que Darwin llegó al archipiélago, hoy habitan las islas 15 especies de tortuga distintas. Y han tenido de todo menos una vida protegida, al menos desde que los humanos se interesaron por ellas.

A diferencia de otras especies gigantes, las tortugas lograron sobrevivir a la edad de hielo refugiándose en archipiélagos aislados como las islas Mascareñas o las Galápagos, pero la humanidad ha demostrado ser un oponente mortal para ellas; más que en la propia naturaleza.

La capacidad de vivir durante largos periodos sin agua ni comida les convirtió en una fuente de alimento fresco y vivo para conservar en las bodegas de los barcos

Con el paso de las primeras expediciones europeas a través del Océano Pacífico, a principio del siglo XVI, tierras desconocidas hasta entonces se convirtieron en punto de paso y repostaje para todos esos barcos que conquistaban y recorrían el mundo. Uno de estos archipiélagos aislados fue en el que habitaban más de un millón de tortugas gigantes y por las que recibiría su nombre: Islas de las Galápagos.

Estos islotes sirvieron durante decenas de años como puerto de aprovisionamiento de recursos. En ellos se encontraban esas tortugas gigantes nativas que fueron recolectadas y cargadas a los barcos para alimentar a las tripulaciones durante largos meses de travesía. La prodigiosa capacidad de estas tortugas para vivir durante largos periodos sin agua ni comida las convertía en una fuente de alimento fresco y fácil de almacenar en la bodega de sus navíos.

A pesar de que a lo largo del último siglo los gobiernos y diferentes instituciones han implantado medidas para la protección de estos reptiles, según la Lista Roja de la UICN, en la actualidad las 15 especies diferentes de tortugas gigantes en las Galápagos se enfrentan a alguna amenaza que las acerca a la extinción.

Bipoarc Fuengirola trabaja en la conservación de la subespecie Chelonoidis niger desde 2013

Todas las subespecies de tortugas gigantes se encuentran amenazadas, pero algunas de ellas como, por ejemplo, la Chelonoidis niger ya se encuentra extinta en libertad, eran la subespecie de la Isla de Floreana, en el archipiélago de las Islas Galápagos. Por este motivo, es esencial la labor que realizan los centros de conservación como Bioparc Fuengirola con la misión de reproducirlas para garantizar una posible reintroducción en su medio natural.

Actualmente, el parque de animales malagueño alberga dos ejemplares, ambas con 26 años de edad y hembras. “A pesar de la edad que tienen, son todavía muy jóvenes. Su esperanza de vida supera con creces los 100 años, habiendo algunos ejemplares conocidos que han superado esta edad. Son vegetarianas al cien por cien y de muy fácil manejo y entrenamiento, algo que sus cuidadores trabajan día a día para garantizar su bienestar y nos permite al equipo veterinario realizar los chequeos necesarios como, por ejemplo, análisis de sangre o ecografías”, explica Rosa Martínez, veterinaria en Bioparc Fuengirola.

Roja y Amarilla -así se llaman estos dos ejemplares de tortuga gigante- pesan algo más de 100 kilos, pero aún están creciendo. Este crecimiento es muy lento y podrían llegar a superar los 200 kilos.

Entrenamiento esencial para facilitar el manejo de estos grandes reptiles y garantizar su bienestar

El gran tamaño de estos animales pertenecientes a la orden de los reptiles hace que sea esencial realizar entrenamientos para que cuidadores y veterinarios puedan realizar un manejo correcto.

Semanalmente, el equipo de Herpetología de Bioparc Fuengirola, realizan entrenamientos basados en un refuerzo positivo. A través de estos ejercicios, crean un vínculo de confianza con sus cuidadores permitiendo la realización, con éxito, de los posibles controles veterinarios. Gracias a este entrenamiento, estas revisiones pueden realizarse de una forma fácil y sencilla, y sin que el animal sufra ningún tipo de estrés.

“Este entrenamiento de refuerzo positivo en el que detectan diferentes colores y si van hacia su correspondiente color, usamos un clicker para generar un sonido y se les premia con alguna verdura. Esta asociación de color-ruido-premio es lo que nos permite crear este vínculo que nos ayudará a los posibles manejos veterinarios”, explica Laura García, miembro del equipo de Herpetología. Por ejemplo, y con confianza total en sus cuidadores, están entrenadas para subirse voluntariamente a una báscula y poder así controlar su peso y su crecimiento sin necesidad de levantarlas.

Conoce más datos interesantes sobre los animales que viven en Bioparc Fuengirola en la sección de La Diversiva ‘Vida en la selva’.

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