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Cuento para trabajar la constancia con niños. Por Centro Te Motivan

Jornada virtual sobre libros infantiles con la Fundación Rafael Pérez Estrada

Desde Centro Te Motivan te traen un cuento para trabajar la constancia con los más pequeños de la casa. A través de la historia de una semilla llamada Noa, se trabajan aspectos como la decepción, la amistad, la constancia y las expectativas. Sigue leyendo e incluye este magnífico cuento a la lista de historias para contar a tu niño o niña.

La importancia de la…CONSTANCIA

Había una vez una semilla llamada Noa. Ella vivía en el interior de un saco junto a las demás semillas. Pero Noa se sentía diferente. Mientras sus compañeras estaban cómodas y protegidas del frío del invierno, ella imaginaba cómo podría salir de allí para convertirse en un gran árbol.

Pasaban los meses, y Noa seguía junto a las otras semillas en aquel saco. Pero no perdía la esperanza de poder lograr su sueño. De repente, en aquel granero donde se almacenaban otros sacos, apareció el hijo del agricultor, Tomas. Era un niño curioso, que le gustaba descubrir cosas nuevas. Por eso no pudo evitar la tentación de abrir uno de los sacos para ver qué había en su interior.

En un intento desesperado de llamar la atención, Noa empezó a saltar para ver si Tomas abría su saco, pero el niño se acercó a otro y lo vació. Ese saco contenía tierra, y como en el suelo había un gran charco de agua, se formó barro. Esa mezcla hizo que el niño se resbalara, con la suerte de caer sobre los otros sacos. Como Noa seguía saltando, con constancia, la caída del niño sobre su saco creó la fuerza suficiente para que Noa saliera disparada y cayera en el barro.

La manguera

Tomas estaba enfadado por haberse manchado de barro, y corrió hacia la manguera para limpiarse. Mientras tanto, Noa seguía en el barro, confiando en que algo bueno iba a suceder para poder salir del granero. En ese momento, la manguera empezó a soltar tanta agua que arrastró a Noa hacia el exterior. ¡Por primera vez en su vida pudo ver la luz del Sol! Pensó que fue lo más maravilloso que había experimentado. Pero aún le faltaba recorrer más metros para llegar a tierra fértil, pues estaba sobre cemento.

De repente, apareció el agricultor, Jon. Estaba molesto porque su hijo había llenado el granero de barro. Ambos cogieron la manguera y un cepillo, y empezaron a barrer hacia afuera. De esta forma, Noa sería arrastrada hacia la tierra. Sin embargo, padre e hijo pararon de limpiar, ya que no había tanto barro como parecía.

Pasaron los días…

Pasaron los días, y Noa se preguntaba cómo podría llegar a tierra y poder transformarse en un árbol grande y frondoso. Su imaginación era tan poderosa que pudo descubrir una solución. Pensó que si veía algún insecto, podría viajar encima de él. Para atraer esa situación, comenzó a visualizar cómo la venían a ayudar.

El tiempo pasaba y Noa seguía sobre el cemento. A veces, como todas las personas, sentía frustración y perdía la esperanza de poder conseguirlo. Pero cuando notaba esas emociones que no eran útiles para lograr su sueño, respiraba profundamente y las dejaba ir con el aire que soltaba. En ese momento, Noa se decía a sí misma: “Yo creo mi realidad. Confío en que pasará lo mejor para evolucionar”. Y de repente, con esa afirmación, empezaba a sentir amor y agradecimiento por lo que ya había logrado.

Dicho y hecho, Noa atrajo a una hormiga que andaba desorientada.

Oye, ¿estás bien? ¿Cómo te llamas? – Le preguntó la hormiga.
Soy Noa. Llevo varios días aquí intentando salir – Respondió Noa.
¿Varios días? ¿Por qué estás allí parada? – Dijo sorprendida la hormiga.
Porque no tengo patas para desplazarme – Contestó Noa.
Ah, vale. Bueno amiga, lo siento pero me tengo que ir. He perdido a mi grupo y he de encontrarlo. Espero que vaya bien – Respondió rápidamente la hormiga antes de marcharse.

Cuando la hormiga se estaba yendo, a Noa le inundó una gran tristeza. ¿Cómo podía ser que la ayuda que había estado esperando recibir, de pronto, se esfumara? ¿Cómo puede ser la vida tan “injusta”? En esos momentos empezó a llorar con todas sus fuerzas. Había estado días parada, confiando en que finalmente se convertiría en un gran árbol.

Sus lágrimas caían rápidamente sobre el suelo. Noa, de repente, paró de llorar. Se dió cuenta de que la decepción que había sentido con la hormiga había formado un pequeño charco. Y ese charco le permitiría deslizarse por el cemento.

Dicho y hecho, Noa se llenó de valentía y empezó a “surfear” a través de las lágrimas. Finalmente, consiguió llegar al jardín, y allí vió de nuevo a la hormiga. Ella regresaba junto con sus amigas para ayudar a Noa.

¡Noa, vengo a buscarte! – Dijo con entusiasmo la hormiga.

Noa estaba sorprendida. Jamás pensó que quien le había decepcionado antes, ahora vendría a ayudarle junto con más hormigas. Al principio, Noa sintió rabia por el tiempo que estuvo parada llorando, pero después recordó que la hormiga estaba perdida y que buscaba a su grupo. A su mente le llegó un pensamiento: “Para ayudar a los demás antes es necesario ayudarte a tí mismo/a”.

Entonces, se llenó de valor y transformó la rabia en perdón. El perdón le permitió aceptar la ayuda de las demás hormigas, quienes la llevaron a tierra fértil. Una vez allí, entre todas cavaron un agujero para meter a Noa dentro. Finalmente, gracias a las hormigas y a la lluvia del invierno, Noa empezó a echar raíces junto a sus nuevas amigas.

MORALEJA: A veces nos encontramos con situaciones o personas no son como esperamos o como necesitamos. Entonces sentimos decepción, tristeza, frustración, rabia…
Sin embargo, si tenemos un sueño y alimentamos nuestro corazón de confianza y perdón, la vida nos traerá las oportunidades y las personas adecuadas que nos ayudarán a conseguirlo. ¡Perdona, confía y camina cada día hacia tu meta, ten constancia!

María Vertedor Alvarez
Psicóloga
Equipo Centro Te Motivan

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