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Familias y adolescentes en la encrucijada del entendimiento mutuo con el instituto y su profesorado

Este jueves 5 de octubre es el Día Mundial de los Docentes y, por ello, desde La Diversiva os traemos una serie de artículos que reforzarán la figura del profesor y su actuación conjunta con los padres en la educación del menor. Un binomio de colaboración imprescindible del que en esta ocasión nos habla Antonio Escámez, profesor de Biología y Geología del IES Mediterráneo de Málaga.


Familias y adolescentes en la encrucijada del entendimiento mutuo con el instituto y su profesorado

Sabido es que la etapa de la Educación Secundaria Obligatoria (desde los 12 hasta los 16 años) y después la postobligatoria, bien Bachillerato, Formación Profesional u otras enseñanzas como idiomas, arte, diseño, música o danza (17 y 18 años o más), son etapas cruciales en la formación de la persona, adolescentes en este caso, que por supuesto necesitan del apoyo de sus familias en ese no siempre fácil camino de su formación y preparación para el futuro.
Pero con frecuencia no se dan las condiciones idóneas para ello. Bien por la propia clásica rebeldía adolescente o mera ausencia de colaboración, bien por simple desconocimiento o incapacidad parental, bien por una mezcla de muchas variables, incluidas la desconexión que muchas veces se produce entre el alumnado y sus profesores y/o el centro y el sistema educativo en general.
La tarea no es fácil, pero tampoco imposible 
Para empezar, es muy importante el conocimiento mutuo y contacto entre las personas intervinientes. Que los padres conozcan a los profesores tutores de sus hijos y viceversa. Parece de pura lógica, pero no siempre es así. En ocasiones a las reuniones a las que son convocados los padres y las madres, normalmente a principio de curso, suele asistir un número no excesivamente significativo de progenitores y liderado siempre por madres. Esa situación urge corregirla.
Para ello por ejemplo aprovechemos las posibilidades de comunicación a distancia, ya que es comprensible que con la ajetreada vida que llevamos, a veces asistir en persona al centro educativo puede ser bastante complicado para no pocos padres.
Lo habitual es que usted como padre o madre haya recibido a principio de curso alguna carta o escrito del tutor o tutora indicándole los días y horas de tutoría y alguna información general sobre el curso y la convocatoria para una primera reunión.
El contacto no puede quedar ahí. Hagan madres y padres por tener un vínculo directo con la tutoría de sus hijos, por ejemplo a través del correo electrónico. Es un medio rápido, limpio y que no compromete y tampoco condiciona a contestar en el momento o a horas inoportunas. También existe el teléfono, claro, pero recuerden que los profesores están en los centros impartiendo clase la mayor parte de las horas, y no son muchos los tiempos de que disponen para recibir o realizar llamadas.
Nada de lo anterior puede sustituir al conocimiento personal directo, por eso hagan lo posible por entrevistarse con el tutor o tutora de su hijo o hija y por su puesto acudir a la cita en caso de ser convocado.
Obviamente de poco serviría querer reunirnos con el tutor cuando está finalizando el curso, situación menos infrecuente de lo que parece, sin haber tenido ningún contacto previo a lo largo del curso.
Junto a todo lo anterior, podemos hacer un seguimiento de la evolución de nuestros hijos en el curso a través de la plataforma PASEN. ¿No la conoce? ¿No disponen de claves para acceder a ella? Pregúntenle a los tutores.
A través de esa plataforma, que lleva años funcionando y que precisamente ahora está en fase de renovación, podrán conocer las ausencias de sus hijos, justificarlas en línea inclusive, tener conocimiento de las tareas que deba ir realizando y sus calificaciones, de las notas de las evaluaciones e incluso de su trayectoria académica completa desde el inicio de su escolaridad. Como vehículo para informarse no está mal ¿verdad? Pues ya que es una herramienta en uso y que funciona, utilícenla.
No obstante, no se preocupe. En caso de que su hijo/a falte a una determinada hora, recibirá un SMS en tiempo real informándole de tal circunstancia. En ocasiones esta simple acción ha resuelto algunos problemas: familias que despiden por la mañana a su hijo que va al instituto y éste decide no entrar ni al centro ni a clase, sin el conocimiento ni autorización familiar, claro.
Y cómo ayudarles en su aprendizaje, desde luego algo complejo y de bastante nivel en el caso del Bachillerato por ejemplo o en la preparación para el acceso a la universidad. Esto no es en absoluto fácil, no solamente para padres y madres no formados, sino que adolezcan de formación amplia en muchos campos del saber, habida cuenta de la especialización por asignaturas en estos niveles. Igual podemos ayudarles algo en Lengua, posiblemente menos en Matemáticas y qué decir de Física o Latín, por poner algunos ejemplos.
Bien, pensemos en positivo. Ayudarles en el contenido, en el fondo, no sería fácil, pero sí en la forma: hábitos de estudio, horarios y tiempo dedicado al trabajo, ambiente de estudio adecuado en cuanto a luz, silencio, mobiliario, posturas ergonómicas, etc… y sobre todo en la actitud, en abordar su propio aprendizaje con optimismo, con ilusión, con ganas de avanzar, muchas veces ante lo desconocido,… Y ni que decir tiene que el móvil apagado o sin usarlo para cosas de ocio cuando estamos trabajando, tampoco la tele, el ordenador con videojuegos, etc. Para todo esto el apoyo familiar es fundamental.
Pero no queda ahí la cosa. En el caso de Secundaria existen clases gratuitas de apoyo y refuerzo por las tardes para el alumnado más rezagado o que necesita un empuje adicional. Desde el propio centro le ofertarán este tipo de refuerzo si su hijo lo necesita. No lo dude. Aproveche esta opción de reforzamiento escolar. Resulta descorazonador cómo a lo largo del curso se va desvaneciendo el interés del alumnado que inicialmente se apunta y debería asistir con regularidad a estos planes de refuerzo.
Pero para descorazonamiento, el que sentimos muchos profesores cuando esperamos en los exámenes de septiembre que nuestros alumnos recuperen las materias suspensas y no sólo no sucede esto con mucha frecuencia sino que demasiado frecuentemente no se presenta a examen una importante mayoría. No deberíamos pasar por alto esta circunstancia ni familias ni profesorado. Durante el verano la familia debe constituir un apoyo insustituible, irreemplazable, pero también durante el verano el joven estudiante que está preparándose con ganas de aprobar no debería estar desconectado totalmente de su instituto y de sus profesores.
¿Cómo lograr esto? En principio no parece descabellado que los profesores responsables pudieran hacer un cierto seguimiento a distancia por ejemplo a través del correo electrónico u otra forma de comunicación, pero tampoco parece descabellado que la administración destinara recursos para la tutela presencial del este alumnado: pagar horas de repaso y refuerzo a profesorado aspirante o novel por ejemplo que supliera esta carencia que hoy existe. Si pensamos en una comunidad donde se garantiza la universidad gratis a quien haya aprobado el curso anterior ¿les parecería descabellado que fuese gratis para los chicos de instituto el repaso y preparación de sus materias suspensas con profesores cualificados durante el verano? Pienso que podría ser no sólo una medida pertinente sino de verdadera equidad, porque muchas familias no pueden pagar las típicas academias privadas que preparan para aprobar los exámenes de septiembre. Es una propuesta que no existe hoy por hoy, pero que ¿por qué no podría existir?
A ustedes padres, les preocupan las notas de sus hijos y evitar su fracaso escolar. Está muy bien. Es lo normal. Pero ¿se preocupan igualmente por la felicidad de sus hijos? Las notas son importantes, el bienestar de la persona, mucho más. Así que en ese exigente modelo para estudiar una carrera universitaria que nos hemos autoimpuesto, de barrera tantas veces infranqueable que tiene su meta en el casi imposible 14 de la selectividad, tampoco deberíamos contribuir las familias y los profesores a crear personas ya frustradas y con sentimiento de fracaso con apenas 18 años. Ahí el papel de nuestro apoyo tiene su importancia, ya que el futuro de los jóvenes no se labra por un único camino, sino que son múltiples los senderos posibles. Pero quizá ellos no alcancen a verlo, por eso importa que podamos ayudarles a ampliar sus visiones e interpretaciones anticipadas del futuro.
¿Y qué más podemos hacer los profesores?
Pues por ejemplo formarnos permanentemente, ser activos indagando, explorando nuevas posibilidades para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Claro que asistir al instituto no es ir a divertirse a un parque de atracciones, pero tampoco las clases de cualquier especialidad tienen que ser unos soporíferos muermos insoportables. Y eso también pasa. Luego nos quejamos, claro, de la desconexión de los chavales. Y encima nos extraña.
Precisamente ahí está uno de nuestros principales retos como profesores, que seamos capaces de cautivar a nuestros alumnos. Que nuestras propuestas les entusiasme. Que lejos de ser pelmazos, lo que propongamos sea tan atractivo que valga la pena asistir con cierto interés a clase. Y por supuesto también que seamos justos, respetuosos y educados. Parece de “Perogrullo”, ¿no?, puede que sí, pero no está mal recordarlo, porque a veces nuestros chistes, nuestros gestos, nuestros comentarios, puede que, sin pretenderlo conscientemente, lleguen a molestar. Y no olvidemos los profesores que, queramos o no, somos referentes para estos jóvenes y es posible que nos recuerden, quizá toda su vida. Mejor que sea por una mirada positiva hacia atrás, de reconocimiento y gratitud, de buenos recuerdos.
Y aunque muchas cosas están ya inventadas, todo cuanto tiene que ver con las relaciones entre personas es de tal complejidad, que nunca se dejará de aprender y de seguir avanzando. Y ahí hemos de estar, inequívocamente, todos a una, familias, profesorado y alumnado.
 
escamez
 
 
 
Antonio Escámez
Profesor de Biología y Geología del IES Mediterráneo

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