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¿Feliz día o no? (Sobre el día del maestro, nuestras ilusiones y barreras)

Juicio a la educación

“Todo el orgullo de un maestro son los alumnos, la germinación de las semillas sembradas”
Dmitri Mendeléyev

La semana pasada tras la clase de Educación Física, pillé en el servicio a algunas niñas que habían hecho algo que no debían: mojaban trozos de papel higiénico y los tiraban para pegarlos al techo.
Estuve hablando con ellas y salió al final la verdad. Decidí que durante unos días iban a venir conmigo durante la hora de recreo. A la mañana siguiente, su tutora estaba muy preocupada porque una de las madres se había presentado allí y quería hablar conmigo. Estaba segura que su hija no había sido y todo era culpa de las demás, porque eran unas niñas malvadas.
¿Sabemos de verdad cómo son y cómo se comportan nuestros hijos en el colegio? Creo que no; de hecho, muchas veces, le damos escasa o mucha importancia a lo que sucede durante esas cinco horas, sin pensar que nuestros hijos son sólo niños y que necesitan equivocarse, fallar, acertar, aburrirse, aprender, divertirse… porque son niños.
Me dio pena pensar que alguien dudara de mi palabra cuando yo lo había visto, pero lo verdaderamente importante es que los padres seguís dudando de nosotros: “mi hijo no ha podido ser”; “a mi hijo le tienen manía”; “la maestra está equivocada”; “¿tú quieres que yo vaya a hablar con el maestro?” Gran parte de los problemas que tenemos en el aula es por un consentimiento excesivo y una escucha muy particular de las familias. ¿No os parece que a veces los sobreprotegemos en exceso? Es conocido con el nombre de los “padres helicóptero“.
Los niños cuando se comportan mal suelen esconderlo por miedo a la regañina y es cierto, cuentan su verdad, su versión de las cosas. ¿No sería más fácil pedir una tutoría y aclarar la situación sin indagaciones, preguntas a otros padres o, simplemente, sin haber escuchado al maestro? ¡Ay madre mía, qué peligro tienen los grupos de whatsapp! Y sobre todo, no podemos darle a todo una importancia superlativa. Si hay un comportamiento negativo, intentamos modificarlo, pero no podemos si siempre se disculpan.
Esta semana he tenido la tutoría de una de mis hijas, la grupal informativa que se suele realizar a principio de curso. Me gusta acudir primero porque es mi deber como madre y después porque aprendo otros planteamientos, veo otros pareceres y porque estando en el doble papel de madre/maestra observo la realidad desde diferentes ópticas. Me encantó. La tutora de mi hija planteó la situación tal y como yo la veo: “Estamos aquí para acompañar a vuestros hijos y queremos formar parte de vuestro núcleo. Necesitamos que confiéis en nosotros, de lo contrario los niños lo notan y no sacaremos provecho. Si tenéis algún problema, venid y hablamos, seguro que podemos arreglarlo”. Me dieron ganas de aplaudirle: ¡Claro que sí! Eso es lo que yo quiero.
El 5 de octubre fue el día del docente: personalmente no me gusta tanto como antes. Entiendo que lo han unificado, pero es que la palabra “maestro” es tan bonita y tiene tanto significado. En fin, de casualidad encontré este vídeo:

¿ Qué os parece? Pues sí, feliz día del Deberías… Está bien que todo el mundo opine sobre nuestra labor, sobre lo que hacemos, pero no siempre tienen toda nuestra información y están preparados para ejercerla. Parece muy fácil, pero me gustaría ver a más de uno y una metidos en una clase durante toda una mañana con veinticinco niños de su padre y su madre, con sus características, sus problemáticas, sus vivencias, sus sueños y sus pesadillas.
No es justo que en Educación, y hablo de ella con mayúsculas porque así deberíamos entenderla, no nos pongamos de acuerdo y que nosotros seamos los últimos a los que se les pida opinión. Si los padres no quieren, los niños no repiten; si los padres no quieren, los niños no acuden a refuerzo; si los padres no quieren, a los niños no se les castiga… Pero ¿alguien piensa en el daño que les estamos haciendo a estos niños? Si un padre reclama, a los maestros se nos pide la programación, las reuniones que hemos tenido, las medidas que hemos ejercido y los resultados… Con suerte, si lo has apuntado todo y lo tienes todo guardado, no sucede nada, pero nuestra situación ya ha cambiado: siempre queda la duda. Y eso no le importa a nadie. ¿ Y la situación de ese niño o de esa niña a quién le preocupa?
No tenemos autoridad con los niños ni con los padres, ni siquiera con la Delegación. Somos un número más que no merece la pena ser escuchado, al que no se le contempla la posibilidad de intentar nuevos retos como, por ejemplo, agrupar a los niños por niveles y no por edad, modificar los grupos de enseñanza con un horario flexible acudiendo a otras áreas de otro nivel, o incluso tener en el centro un aula de convivencia.
Cuando veo los maestros televisivos, los que tienen popularidad, siempre me planteo ¿cómo han llegado ahí?, ¿cómo consiguieron cambiar determinados parámetros? Se premia su originalidad, su individualización, su “fuera de contexto”, su no programación, sus planteamientos disruptivos… De hecho, se nos anima a copiar dichos planteamientos desde el mundo exterior de la enseñanza, mientras dentro, en tu propio centro, te están diciendo que ni se te ocurra. Hablamos en otras profesiones, en otros trabajos de la importancia del desaprender, del reinventarse, del cambio… Pero aquí seguimos de lo más inmovilistas: no nos dejan movernos un ápice.

Quizás haya llegado el momento de cambiar, de transformar esto, pero hagámoslo bien.
Creedme si os digo que todos los maestros querríamos sacar lo mejor de nuestro alumnado, y a veces es muy difícil, pero aún así, seguimos intentándolo. Tenemos varias barreras ¡espero que algún día las derribemos!
Hay de todo ¡claro que sí!, como en todas las profesiones; pero nuestra labor es complicada: si no te gusta os aseguro que no se puede estar año tras año viendo a los niños pasar por tu clase y “pasar” de ellos.
Nos gusta la enseñanza, creemos en nuestros alumnos y, aunque no lo creáis, seguimos preparándonos, leyendo e informándonos sobre diferentes aspectos que desconocemos de nuestros niños. Dejadnos hacer, confiad en nosotros y, como decía la tutora de mi hija, “formemos un equipo”.
Apoyadnos desde todos los sectores, creed en nosotros y vosotros, padres, hablad con vuestros hijos, sobre sus miedos y sus ilusiones, sobre cómo les va en clase, sus amigos… ¡Y venid a vernos! Las tutorías no son una regañina a los padres: quizás eso sea lo que les inquieta a muchos, tenemos que conocernos, compartir nuestros proyectos comunes y hablar. Nos dejáis a vuestros hijos una media de cinco horas al día ¿y no confiáis en nosotros? La mayor parte de los padres creen que nos sentamos esas horas y estamos allí sin hacer nada, para después mandar montones de deberes a la casa, pero no es así: durante un día de colegio pasan mil y una aventuras en nuestras clases y en nuestros patios.

Esta semana sí os voy a dejar receta. Y como es principio de curso, vamos a hacer una especial: “Bollicaos“. No soy mucho de comerlos ni de comprarlos, pero sí sé que a los niños les encantan. Así que mejor prepararlos en casa, ” uno al año, no hace daño”. Os puedo asegurar que salen espectaculares. Ahora, una advertencia: no os paséis con el relleno, yo fuí muy, muy generosa.
Ingredientes:
– 110 g. de leche entera
– medio dado de levadura fresca
– 30 g. de aceite (mezclé de oliva suave y de girasol)
– 1 cucharada de extracto de vainilla
– 250 gr de harina de fuerza
– 1 yema de huevo
– 50 g de azúcar blanca
– una pizca de sal y de canela
– Nutella o crema de cacao para rellenar y un huevo para pintar los bollos al final de todo el proceso.
Elaboración:
Para los más rápidos aquí tenéis la versión de thermomix.
Para los tradicionales: templamos la leche en el microondas y añadimos la levadura desmenuzada. Removemos hasta que se mezcle (cuidado con la temperatura de la leche, no debe ser muy alta, de ahí lo de “templar”). Id añadiendo el resto de los ingredientes: el aceite, la vainilla, la yema de huevo, el azúcar, la sal, la canela y la harina, poco a poco. En algunas recetas podréis encontrar mantequilla en vez de aceite, si lo hacéis debe estar en pomada.

Receta de bollycao casero

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A continuación debéis amasar con paciencia hasta conseguir una bola consistente, que meteréis en un recipiente con un poquito de aceite y dejáis que doble su volumen. Conviene tapar el recipiente con plástico transparente. Suele tardar una hora.
Una vez que ha elevado, dividiremos la masa en dos y ésta a su vez en tres: es decir, vamos a hacer seis Bollicaos. Cada una de estas partes la iremos extendiendo en la mesa con el rodillo (que no quede la masa transparente, pero tampoco excesivamente gruesa), y colocaremos dentro la crema de cacao elegido. Hay algunas recetas que encontraréis con onzas de chocolate, pero cuidado con la temperatura porque pueden quedar apelmazadas.
Ahí es donde yo me vine arriba y decidí que no le iban a faltar crema; la verdad que mis hijos (y mi marido) han acabado encantados, porque iban de un extremo al otro dando mordiscos para que el chocolate no se cayera…
Receta de bollycao casero

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Sobre la masa, colocáis la crema de forma alargada y cerráis: primero la parte alargada y vais enrollando, para después hacer lo mismo con los extremos, apretando un poquito para que no se salga el chocolate y queden bien pegados. Los pintamos con huevo batido. Hay que volver a dejarlos elevar porque van a crecer un poquito más (los dejé entre media hora y tres cuartos). Una vez listos, al horno: previamente lo habremos puesto a 200 grados y justo antes de meterlos, lo bajamos a 170, doce minutos. ¡Cuidado, no os paséis que se queman! Os van a encantar.
 
Receta de bollycao casero

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Receta de bollycao casero

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Receta de bollycao casero

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Todos los niños tienen algo, tenemos algo por ver y por descubrir, pero debéis ayudarnos porque solos somos incapaces de lograrlo. Hay que observarlos (me encanta verlos en los recreos cuando no se dan cuenta que los estoy viendo y se muestran tal cual son, aprendo mucho de ellos), confiar en ellos, darles cariño, respeto y enseñarlos a volar solos. No nos quitéis la autoridad, apoyadnos en nuestras decisiones y valorad nuestro trabajo. Os necesitamos, de lo contrario, no conseguiremos nada de vuestros hijos, de nuestros niños.

¡Dejadnos sacar esa magia especial que llevan!
Como siempre, que os vaya bonito y a nosotros (padres, alumnos y maestros) también.
Maribel B.
@_MaribelBP

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