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Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Harry Potter y el prisionero de Azkaban

«El miedo lleva a la ira. La ira lleva al odio. El odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti»
Maestro Yoda (Star Wars)

Esta semana, en el colegio de mis hijos, han trabajado en Inglés las películas de Harry Potter y sus valores. Recuerdo que de más peques les daba pánico sólo nombrarlo. Ahora hemos visto varias de ellas y les han encantado.

Hay un tiempo para todo y no hay que darse prisa por llegar. En la infancia aparecen los miedos evolutivos: tienen miedo a la oscuridad, a los desconocidos, a las regañinas, a algunas películas, otros tienen miedo a defraudar, a no saber escoger, o incluso, como decíamos la semana pasada, a hablar delante de los demás por miedo al ridículo, vergüenza, al qué dirán… En la mayor parte de los casos debemos darle la importancia que merecen y tener paciencia: irán desapareciendo conforme se vayan habituando a nuevas situaciones.
Como padres y maestros deberíamos preparar a nuestros niños para afrontar dichos problemas. Ya hemos comentado varias veces la importancia de «caerse de vez en cuando» para volver a comenzar de nuevo. En nuestra cultura entendemos el fracaso como algo negativo y no como una nueva oportunidad para empezar algo. A veces somos tan negativos que creemos que por suspender una asignatura nuestro hijo llevará un estigma, sin entender que ahí es donde tenemos que intervenir para motivar, para involucrar, para aprender de lo erróneo.
Me gustaría que leyerais este artículo de J. A. Marina, donde nos explica los miedos adecuándolos a su etapa y cómo actuar:
Cuando yo era pequeña asistía a clases de baile regional en una de las mejores academias que había en Málaga. Recuerdo que una tarde tuve un problema sin importancia con un niño que había allí, el hijo de la profesora. Se lo dijo a su madre y sin mediar más, me metió en un cuarto oscuro, donde decía que había ratas: pasé mucho miedo, grité, lloré y cuando vinieron a por mí, salí huyendo. Fue mi último día de baile allí porque mi padre habló seriamente con ella.
Cuando castigamos a los niños hay que hablar con ellos para saber el porqué de la conducta o el comportamiento, y hay que elegir un castigo acorde con lo que ha sucedido. No debemos usar el miedo para ello, podemos hacerles mucho daño: los monstruos, la oscuridad, los chillidos… no ayudan, a veces complican todavía más una situación.
Hay muchos tipos de miedo, uno de ellos al fracaso, y a veces nos surge en el momento menos adecuado: a una de mis hijas, en tercero, su tutora decidió darles las actividades con un plan semanal; cuando lo hizo me pareció una locura, creí que los niños de esa edad no tenían suficiente madurez para organizar su tiempo libre. Al menos, mi hija no. Intenté llegar a un acuerdo con ella: «te han mandado tantas actividades, vamos a dividirlas y cada día debes hacer algo», porque cuando ella vio las actividades dijo: «las hago el jueves por la tarde porque tengo tiempo y las presento el viernes». Mi objetivo era que entendiera que no podía dejarlo todo para el último día: fue un difícil acuerdo. Al final, lo hizo.
Os cuento esto porque,a lo largo de estos años, he ido enseñando a mis hijos a estudiar, hacer resúmenes, esquematizar, sacar ideas importantes… y me he dado cuenta que muchas veces les he dado un flotador para su estudio por miedo a que incumpliesen con sus obligaciones y eso les supusiese un problema. He errado. Sí, les he enseñado estrategias, pero a veces se lo he planificado todo. Un día, decidí que mis hijas debían pegarse el golpe sólas y tras él, yo estaría ahí para motivarlas y decirles cómo y qué cosas debían cambiar. Es muy difícil, pero como padres tenemos que soltar la cuerda. No nos convirtamos en «padres helicóptero«.
No debemos tener miedo y menos en Primaria. Es el mejor momento para prepararlos y asentar las bases que posteriormente les ayudarán en un futuro próximo a medio y largo plazo.
Aquí tenéis este esquema de @virginiog que nos puede mostrar esta gestión del cambio:

El cambio

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Como no podía ser de otra manera, los padres también tenemos muchos miedos: el no saber afrontar determinados aspectos de nuestros hijos, la pérdida de salud, la desaparición de los seres queridos y su explicación, el crecimiento de nuestros hijos… Y los maestros también tenemos esos miedos. Nos enfrentamos como vosotros a los mismos pasajes de la vida de vuestros hijos y a veces, encima, estos niños son muy influenciables.
Muchas veces, cuando miro atrás, pienso en la de veces que me he equivocado y sigo haciéndolo (ya os confesé en mi primer artículo mis aventuras y desventuras con mi pandilla de Primero). Hay muchos problemas en los colegios para los que no estamos preparados y otros en los que precisamos más herramientas para trabajar. Hay veces que lo vemos tan fácil, e intentamos incidir pero no conseguimos cambiarlo; está claro que tendríamos que analizar cada caso, pero en muchas ocasiones depende de nuestra comunicación colegio-casa (o familia-escuela, como queráis verlo).
El otro día mi hija me preguntaba:
– «Mamá, ¿ para qué sirven los partes?»
– Le contesté, «¿ para qué crees tú? , ¿ en el cole para qué lo utilizan?»
– «Para amenazar, pero después no sirven para nada, porque ‘Fulanito’ lleva nueve y sigue igual».
En Educación hemos usado muchas veces la cultura del miedo para enseñar y los resultados no han sido siempre los deseados; por otra parte, sabemos ya que si decimos algo y no lo cumplimos, perdemos el crédito de nuestros alumnos.
¿Hasta qué punto enseñan o nuestros alumnos aprenden de una expulsión? Hay veces, y en eso estaréis de acuerdo conmigo, que no podemos tolerar cualquier tipo de conducta o comportamiento en los colegios; pero, a veces, se abusa. He estado en colegios donde la expulsión era acorde con la conducta negativa y al alumno en cuestión, se le pusieron actividades de cada materia, que debía realizar en casa. Intentamos una modificación de conducta, pero para ellos actuamos a la vez familia y colegio y obtuvimos éxito. Pero he estado en otros donde la expulsión no conllevaba nada. La verdad es que en los colegios deberíamos contar con la figura del orientador de forma permanente en el centro y que tal vez existiera el aula de convivencia. Creo que mejoraríamos determinados aspectos: de hecho, el otro día leyendo a Marian Rojas decía que la mayor parte de problemas se deben un 10% a diferencias de opinión y un 90% a un tono de voz mal empleado.
El día a día de un colegio es a veces un poco atropellado, un horario al límite por las especialidades y los diferentes profesores que entramos en clase, una hora de tutoría que desapareció, cambios de clase de punta a punta del colegio… Hay veces que no tienes tiempo de apuntar ni siquiera lo que ha sucedido porque la clase ha terminado y te está esperando otro grupo; por otra parte, el tema de los castigos es complicado. En Logse sabéis que teníamos prohibido castigar en los recreos y en las actividades complementarias (excursiones). La verdad, tenemos muchas complicaciones. Con esto no quiero excusarme ni que creáis que el colegio es una selva; pero sí que necesitamos más colaboración por parte de todos y metámonos TODOS: administración, inspectores, maestros, familias y alumnado.
Creo que los refuerzos positivos consiguen mucho más que los castigos, pero ante una conducta negativa hay que actuar con decisión y pronto, si no, habremos perdido la ocasión y eso que nos parece tan grave al niño se le habrá olvidado en cuestión de minutos. Mirad cómo podéis llevar a cabo esos refuerzos positivos:
5 ideas para reforzar a tu hijo.
Os dejo este vídeo para reflexionar un rato:
¿Así son los nuevos colegios de éxito? Un vídeo viral conmociona a los padres
Evidentemente ninguno de nuestros hijos se encuentra en un colegio así. Nuestros colegios tienen otro tipo de enseñanza y otro tipo de ambiente, pero en Educación pasa a veces igual que en otros parámetros de la vida, es pendular y nosotros hemos llegado casi a un extremo donde la apatía, la desgana, el descrédito de los maestros, la no importancia de los resultados y la credibilidad absoluta e innegociable de los hijos reinan a su libre albedrío.
Aquí os dejo un interesante enlace donde descubriréis unos cuantos libros para tratar diferente tipos de miedo.
Además tenéis la colección de Elsa Punset «Los atrevidos», para gestionar el miedo y las emociones. El enlace es del mismo blog, muy chulo.

Los Atrevidos de Elsa Punset

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La receta de la semana no puede ser otra que la de Pasión, y con doble sentido: las Torrijas. Os voy a dar la que siempre hemos hecho en mi casa.
Ingredientes:
– una barra de pan (no me gusta el pan preparado para torrijas, lo siento, sé que quedan más bonitas, pero me gusta más el que se va quedando durillo; por eso surgieron, para aprovecharlo)
– azúcar morena
– leche entera
– Canela en rama, molida, cáscara de limón
– huevos (suelo hacerlas con dos)
– aceite de oliva para freírlas
– vino dulce de los Montes de Málaga o tipo Pedro Ximénez
– miel
Elaboración:
Vamos a realizar dos tipos: de azúcar con canela y de vino con miel. Dependiendo de la zona donde vayas, son más típicas unas u otras.
Con azúcar y canela:
Cortaremos nuestro pan en rebanadas de un centímetro de grosor aproximadamente. Herviremos la leche con la cáscara de limón (sacarla antes de que comience a hervir, recordad que si no amarga), una ramita de canela y un par de cucharadas de azúcar.

Receta de torrijas típicas de Semana Santa

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Una vez que comience a hervir, la separamos del fuego y la echamos sobre el pan que habremos preparado en un recipiente y me olvido de ellas. Sé que se suelen dejar una hora, pero al dejarlas más tiempo, salen muy tiernas porque son puro jugo.
Transcurridas varias horas, bato el huevo, pongo la sartén con el aceite, y una vez caliente, las frío. Muy importante cuando las saco les quito el aceite sobrante y calientes las espolvoreo en una mezcla que habré preparado previamente de azúcar y canela molida. Ya están listas.

Receta de torrijas típicas de Semana Santa

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Receta de torrijas típicas de Semana Santa

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Con vino y miel
:
La preparación es la misma. Corto el pan. Preparo una mezcla de vino y un poco de miel, como dos cucharadas, y lo caliento un poco, dejándola tibia.

Receta de torrijas con miel típicas de Semana Santa

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Preparo el pan en un recipiente y lo cubro con la mezcla realizada. Las dejo una hora. A continuación, se pasa por huevo y a la sartén a freír. Una vez dorada por los dos lados podéis decidir si pasarlas por azúcar y canela o por miel. Suelo hacerlas de las dos formas, pero las de vino las suelo poner con miel. Vuelvo a entibiar y las paso. Y a disfrutarlas.

Receta de torrijas con miel típicas de Semana Santa

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Si os dais cuenta, os he puesto que pongo «tibia» la miel. La que uso, que es de pueblo, es muy densa por eso debo calentarla un poco.

Receta de torrijas con miel típicas de Semana Santa

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Espero que os gusten y las disfrutéis.
«May your choices reflect your hopes, not your fears» ( Nelson Mandela). Pues eso, que vuestras elecciones reflejen vuestras esperanzas y no vuestros miedos.
Que os vaya bonito y feliz Semana Santa.
Maribel B.
@_MaribelBP

Descubre otros artículos de colaboración en la sección de Maribel B. en La Diversiva

Descubre otros consejos y artículos interesantes sobre la formación de nuestros peques en el blog de Educación de La Diversiva.

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