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La tiranía de la felicidad en la infancia

La tiranía de la felicidad en la infancia

La felicidad parece haberse convertido en el objetivo principal de la vida. En el caso de los adultos con hijos, la felicidad se concreta en tener hijos felices. Pero, ¿estamos llevando demasiado lejos este objetivo? Os propongo explorar algunas cuestiones relacionadas con la felicidad para descubrir si realmente estamos consiguiendo ser más felices o si nos encontramos bajo la tiranía de una felicidad inalcanzable con ejercicios prácticos.

La felicidad como resultado, no como fin

Lo que sentimos está muy relacionado con las cosas que vivimos, con las cosas que hacemos y con nuestra forma de pensar. Pero las emociones, especialmente las más intensas, no son permanentes. Nuestro cerebro no está preparado para estar sintiendo lo mismo de manera permanente.

Afortunadamente, el ser humano es capaz de sentir un amplio rango de emociones y sentimientos de diferente intensidad. Lo que llamamos felicidad suelen ser normalmente un conjunto de emociones, sentimientos y estados (alegría, euforia, satisfacción, calma, relajación, activación fisiológica, etc.). Este conjunto puede ser más estable o prolongado en el tiempo. La cantidad y las actividades que llevan a estos estados son tan diversas como personas hay en el mundo.

La felicidad que nos venden

La sociedad actual, moderna y tecnológica promueve una visión de la felicidad basada en el consumo. Cuantas más cosas haces, cuanto más te actualices, cuanto más tengas, más feliz serás. Curiosamente esto es algo que todos hemos experimentado, adultos y niños. ¿Quién no disfruta de un viaje a una ciudad que nunca ha visitado? ¿Qué niño no se muestra feliz cuando tiene un nuevo juguete? ¿Quién no disfruta de una televisión mejor?

Todo esto es cierto. Lo que no tenemos en cuenta es el efecto de la adaptación. Tener cosas nuevas o hacer nuevas cosas nos hace sentir mejor al principio. Con el paso del tiempo nos acostumbraremos a esa situación ‘nueva’ y entonces querremos algo más, y así sucesivamente. Si no podemos tenerlo nos sentiremos infelices, limitados o desactualizados.

Este efecto también se produce en los niños. A veces los padres y madres tienen la sensación de que sus hijos nunca están contentos con nada.

El éxito y la felicidad

La tiranía de la felicidad en la infancia

La felicidad y el éxito parecen ser sinónimos en la actualidad. El éxito profesional, el éxito como padre o el éxito social parecen ser los únicos componentes capaces de generar satisfacción. Esto está haciendo que muchas familias dediquen muchos recursos económicos pero también mucho tiempo en preparar a sus hijos para el éxito.

Hoy en día, todos los niños tienen que ser líderes, deportistas, extrovertidos, comunicadores, inteligentes, sociables, tecnológicos, altruistas, desinteresados, generosos y un largo etcétera. Esta es una de las razones por las que el horario infantil está cargado de actividades que tienen como fin mejorar sus habilidades, capacidad y conocimientos con el fin superior de tener éxito en un futuro incierto. A veces, esto se realiza incluso a costa del propio bienestar de los padres, quienes se han convertido en los taxistas estresados de sus hijos.

Pero el éxito, como la felicidad, puede ser diferente para cada persona. Si intentamos ajustarnos a un modelo de éxito que no es el nuestro, no alcanzaremos la felicidad. Al contrario, nos sentiremos atrapados, insatisfechos, perdidos y enfadados. Por ejemplo, si un niño es muy extrovertido, celebrar un cumpleaños con todos los niños de su clase le hará sentirse alegre, feliz. Pero si un niño es más introvertido, tal cantidad de estímulos sociales no le harán feliz, le abrumarán. No le hará sociable. Entrenarle para que sea más sociable para el cumpleaños tampoco le hará feliz. Todos los intentos por hacerle algo que no es le hará sentir defectuoso.

Si exigimos a nuestros hijos que se ajusten a un determinado modelo de éxito que no encaje con él o con ella, estaremos alejándole de su propia felicidad.

¿Qué tipo de felicidad transmitimos a los hijos?

Tiendo en cuenta lo que acabamos de comentar es el momento de plantearse qué tipo de felicidad estamos vendiendo a nuestros hijos y cómo lo estamos haciendo. Y para esto propongo un ejercicio sencillo:

Coge un bolígrafo y un papel. Haz tres columnas. En la primera anota aquellas cosas que te parecen realmente importantes, aquellas cosas que generan satisfacción, bienestar, alegría y felicidad. Tómate el tiempo que necesites. En la segunda columna anota cuántas de esas cosas han estado presentes durante los últimos 7 días. Finalmente, en la tercera columna anota cómo has hecho saber a tus hijos que esas cosas te hacían sentir feliz o satisfecho.

En ese papel que acabas de escribir tienes tu propia guía de la felicidad. Tienes las cosas que te parecen importantes, la frecuencia con las que las realizas y la forma en la que las transmites. Si no estás satisfecho con los resultados te animo a realizar un pequeño cambio. Pero recuerda, no podemos estar felices todo el tiempo. Ese objetivo es inalcanzable, se trata de estar más cerca de aquello que nos hace felices.

¿Qué hace feliz a tu hijo o hija?

La tiranía de la felicidad en la infancia

La felicidad de los hijos está muy influenciada por su familia. En primer lugar porque actúan como modelo, la familia enseña qué nos hace felices a través del disfrute compartido, del cariño y de la información verbal. En segundo lugar, los niños dependen de los adultos para conseguir aquellas cosas que les hacen felices. Los adultos suelen determinar cuándo se pueden hacer unas cosas u otras.

Ahora que ya tienes tu propia guía de la felicidad te propongo que conozcas un poco mejor la de tus hijos. A veces los adultos creen saber qué hará felices a sus hijos. Pero esta creencia está muy determinada por la propia experiencia del adulto, por su forma de pensar y por sus recursos. Siempre merece la pena poner a prueba nuestras propias creencias y hacer pequeños experimentos.

Pídele a tu hijo que realice una carta, parecida a la que realiza para los Reyes Magos. En este caso, en la carta tiene que escribir cosas que le gusten mucho. Pueden ser juguetes o actividades, pueden ser cosas que se hacen en casa, en el colegio, con la familia o en exterior. También pueden ser actividades que se realicen en solitario. Pueden ser cosas que existan o imaginadas, todo vale. Dile que puede tardar todo lo que quiera. Cuando la tenga lista pídele que la deje en una caja. Cuando todos los miembros de la familia la tengan lista os sentaréis a leerlas.

Esta actividad te permitirá conocer qué cosas hacen realmente felices a tus hijos y te permitirá tener un momento familiar único. Es posible que algunas cosas te sorprendan, es posible que te des cuenta de que algunas no se pueden hacer o de que son difíciles de hacer. Verás cómo de diferente es la felicidad para cada miembro de la familia. Recuerda que el objetivo no es estar permanentemente feliz sino estar más cerca de aquellas cosas que nos hacen felices.

Mónica Valverde Salgado

Psicóloga Sanitaria. Codirectora de Valpe Psicólogos

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