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Rivalidad entre hermanos

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No es raro ver a dos hermanos pelearse, chincharse o dirigirse intensas miradas de ira. Pero que algo no sea raro, no quiere decir que sea sano.
Cuando preguntamos a muchos padres y madres sobre cómo se llevan sus hijos, una respuesta frecuente suele ser “bien, con la típica rivalidad entre ellos” o “normal, se pelean a veces pero se quieren mucho” o “pues cómo todos, a veces se adoran y otras veces no se pueden ver”. Muchas personas creen que la rivalidad entre hermanos es normal y que es algo que se supera solo.
Pero, ¿si tu hijo te cuenta que en el colegio un compañero está continuamente molestándole, dejarías que el tema se solucionase solo? Probablemente no. Es necesario guiar a los hijos para que aprendan a desarrollar relaciones afectivas saludables sin la ‘típica’ rivalidad entre hermanos, porque las consecuencias de esta rivalidad pueden llegar hasta la etapa adulta.
El inicio de la rivalidad
Muchas veces los padres piensan que el nacimiento del hermanito o hermanita es el momento que desencadenará irremediablemente la rivalidad entre los hermanos. Confundimos lo que a veces se denomina ‘síndrome del príncipe o princesa destronada’ con el inicio de la rivalidad. La llegada de un nuevo miembro a la familia supondrá un gran cambio al que todos los miembros tienen que hacer frente. Los niños pequeños en ocasiones manifiestan emociones de celos ante la llegada del nuevo hermano o hermana. Pero no esto no implica irremediablemente que el peque tenga que percibir al recién nacido como un competidor. Éste solo será uno de los muchos periodos de adaptación que todas las personas experimentamos a lo largo de nuestra vida.
Es posible que os preguntéis, ¿cuál es entonces el inicio de la rivalidad entre los hermanos? Percibir a un hermano o hermana como un rival dependerá en gran medida de cómo los padres se relacionen con el nuevo miembro de la familia y con el hermano ‘mayor’.
Os dejamos a continuación alguna de las claves para que como padres evitéis la rivalidad de vuestros hijos y fomentéis unas relaciones saludables.
Cómo fomentan los padres la rivalidad entre hermano
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Comparar

Destacar las habilidades que cada niño tiene es algo positivo para su autoestima. Pero utilizar las habilidades de cada hijo para fomentar la competición entre ellos puede generar una rivalidad difícilmente controlable. Frases como “tu hermana ya ha acabado los deberes” o “tu hermano ya ha limpiado la habituación” fomentan la rivalidad. No necesitamos echar mano de los hermanos para pedir a nuestros hijos que sigan una orden. En lugar de llevar la atención hacia la tarea que queremos que hagan estamos enviado otro mensaje: hay un competidor en tu territorio.
Quienes hayan estado en contacto con psicólogos, sabrán que en ocasiones decimos que el hecho de que haya varios hijos hace más fácil para los padres premiar las conductas adecuadas. Pero esto no tiene nada que ver con lo anterior.
Lo que los psicólogos recomendamos es que los padres dirijan la atención o alaben hacia el comportamiento adecuado que queremos que se repita. Como recoger la habitación o hacer los deberes con frases del tipo “me encanta que hayas recogido ya” o “es genial que acabes los deberes antes de jugar”. Incluso aunque esta alabanza se realice en presencia de otro hijo que no ha realizado esta conducta, el mensaje es “recoger la habitación = mamá/papá contento” o “terminar los deberes pronto = jugar más”.
Llevar la atención a lo que otro hermano ha hecho genera un mensaje diferente.
Ya eres mayor

Si nos fijamos, el nacimiento de un hermano o hermana provoca invariablemente que el niño o niña se convierta en el ‘mayor’. Ser mayor no tiene edad; puedes ser el mayor con 2 años o con 9 años. Aunque la comprensión del mundo sea diferente en cada edad.
Ser el hermano mayor significa que independientemente de tu edad tendrás que empezar a entender cosas ciertas cosas automáticamente: cómo que tus padres ya no puedan prestarte tanta atención, que tengas que compartir tus juguetes, que tengas que cuidar a otro ser humano o que tengas que dar ejemplo.
Como ya hemos hablado en alguna ocasión, a veces las expectativas de los padres son demasiado altas. Y al final los peques pueden acabar dirigiendo su enfado a sus hermanos.
Es positivo para los hermanos ‘mayores’ implicarles en las actividades del recién nacido. Pero con el objetivo de hacerles formar parte de la nueva dinámica familiar, no con el objetivo de hacerle asumir responsabilidades de cuidado. En cualquier caso, no es lo mismo ponerle el chupete al hermano si se le ha caído y está llorando que vigilarle para que no se caiga cuando está en el parque. Es posible que si fomentamos unas relaciones sana, el hermano o hermana mayor vaya asumiendo determinadas conductas de cuidado. No por obligación, sino como consecuencia de su propio desarrollo. Entenderá antes que su hermano los peligros y lo protegerá de ellos gracias a su vínculo.
La culpa es tuya
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Ser el mayor tiene una importante desventaja en el ámbito familiar. Y es que ocurra lo que ocurra ‘eres el mayor’, por tanto la culpa es tuya. Si tu hermana acaba de romper un fantástico dibujo que has realizado durante una tarde con todo tu amor da igual qué edad tenga, ¡tienes que controlarte, eres el mayor!
Esto es un gran problema en las familias. Se nos olvida que los niños aprenden a regularse con la ayuda de los adultos. Habrá situaciones en las sea más sencillo y otras en las que sea más complicado. Además, la capacidad de regulación pude depender mucho del temperamento del niño. En cualquier caso, hasta los 4 años la mayor parte de la regulación de los niños es externas. A partir de esta edad, van poco a poco asumiendo su propio control. Por tanto, la edad será clave en este sentido.
Por otro lado, ¡nos olvidamos del verdadero culpable! Por muy pequeños que sean los hermanos hacen cosas mal. Y es muy importante tanto para los pequeños (aprendizaje) como para los mayores (justicia) que esto quede claro.
Cómo fomentar las relaciones saludables
Juegos cooperativos
Para los niños jugar es como respirar. Es la vía para hacer amigos, desarrollarse o aprender nuevas cosas. Por tanto, los juegos serán los grandes aliados de los padres para fomentar unas relaciones saludables entre los hermanos. Hoy en día podemos encontrar una gran cantidad de juegos de mesa o de actividades que permiten a los niños interactuar, cooperar y descubrir cosas juntos. Un hermano puede convertirse en el mejor aliado en el mundo, pero para eso es necesario que compartan vivencias positivas juntos.
Espacio diferenciados
Tener espacios diferenciados no es incompatible con compartir. Los espacios diferenciados ya sea una estantería, un mueble o un rincón de la habitación, ayudarán establecer zonas privadas. En ellas, los niños podrán guardar determinados juguetes o cosas especiales para ellos como dibujos, muñecos de plastilina, etc. El objetivo no es separar objetos que el niño no quiere compartir sino establecer que el uso de esos objetos tiene que ser con su consentimiento. Cuando hay hermanos de diferentes edades es una forma muy eficaz de evitar que los pequeños puedan dañar objetos especiales de los mayores. Además, les enseña que hay normas que seguir. Para usar esos objetos tendrán que pedirle permiso a sus hermanos, quienes podrán aceptar o no.
Tenemos que tener en cuenta que esto es algo que los adultos hacemos habitualmente en nuestras relaciones sociales y también en nuestra relación con los hijos. Forma parte del funcionamiento habitual, por lo que es normal que ellos también quieran hacerlo. Si tenemos dos hijos y queremos que jueguen juntos, ¡pongámosles a jugar a un juego de dos jugadores! Pero obligar a uno de nuestros hijos a compartir su nueva adquisición con su hermano no le ayudará a compartir, le ayudará a enfadarse.
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Reparto de la culpa
En la línea de lo que hemos comentado más arriba sobre la culpa del hermano mayor, algo que ayudará al desarrollo de relaciones sanas es el reparto de la culpa. Siguiendo con el ejemplo de más arriba. Romper el dibujo del hermano no es adecuado por lo que podemos ponerle una consecuencia (por ejemplo, 3 minutos sin jugar). Por otro lado, pegar al hermano después de que nos rompa el dibujo tampoco es adecuado por lo que podemos poner otra consecuencia (5 minutos sin jugar). De esta manera, cada hermano recibe su consecuencia por un comportamiento inadecuado. Pero nadie sale beneficiado de la situación. Se trata de un reparto más justo de la culpa sin tener que recurrir al lugar que cada uno ocupa en la familia.
Cómo en otras áreas, ¡no hay recetas mágicas! Descubrir la estrategia perfecta para vuestros hijos será un gran reto para los padres pero os permitirá descubrir grandes cosas de vosotros y de vuestros hijos.

Mónica Valverde Salgado
Psicóloga Sanitaria. Codirectora de Valpe Psicólogos

Puedes consultar otros artículos en nuestra sección de Psicología infantil y familiar.

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