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¿Una huelga de deberes? ¿de verdad?

Huelga de deberes

” Educamos a nuestros hijos cuando no sabemos que los estamos educando”
Gregorio Luri

Antes que nada me gustaría disculparme por la tardanza en la nueva publicación, pero es que he estado un poco liada, mejor dicho “un mucho”: programaciones, cursos, actividades extraescolares, lo que yo me busco y encuentro, etc.

Hace dos semanas, el día 3, me enviaron a la Facultad de las Ciencias de la Educación para hacer un curso sobre el nuevo Plan de Igualdad. Empezaba a las 10, así que de camino fui escuchando una entretenidísima entrevista que Alsina le hacía en Onda Cero a Alberto Royo (@profesoratticus) y Gregorio Luri (@GregorioLuri) sobre la Primera Huelga de Deberes de padres. A esa hora no suelo escuchar la radio, pero aquel día sí. Me encantó el hecho de escuchar a dos docentes hablar abiertamente sobre este tema: no pasa nada, pero hay que hablar y poner cada cosa en su sitio.
Aquí os dejo el podcast del programa por si os interesa ( aproximadamente comienza en 3:07:00).
¿Qué es una huelga de deberes? ¿Y tiene o ha tenido trascendencia? La huelga fue convocada por la CEAPA para reivindicar el tiempo libre con los hijos, fundamentalmente el fin de semana. De hecho, facilitaban a los padres un documento tipo justificante que aclaraba el porqué los niños no habían hecho los deberes. Personalmente, en mi cole y en otros no he tenido conocimiento de que la llevaran a cabo, pero supongo que dependiendo del sitio así habrá sido.
Primera huelga en España de padres contra los deberes
Respecto a los deberes tengo las ideas claras, de hecho los pongo en mis clases, pero no abuso de ellos. Supongo que habrá maestros que manden mucha tarea para casa, pero no es lo habitual, al menos, en los círculos en los que yo me muevo.
Soy hija de la Ley General del 70 y aprendí a ser maestra con la LOGSE (donde ya, por cierto, se prohibieron los deberes en Primaria). He pasado por una serie de leyes y normativas, que no cito ahora para no aburrirnos, pero, en general, os diré que no han sido buenas ni para los niños ni para los maestros.
Creo que estamos en un momento interesantísimo, donde todos estamos aprendiendo y abriendo nuestras perspectivas: inteligencias múltiples, inteligencia emocional, competencias, la neuropedagogía, el empoderamiento, el “flipped classroom” (la clase invertida)… Y así seguiríamos con un sinfín de alternativas al sistema clásico de enseñanza. Seamos realistas: los niños de hoy en día no son de nuestra generación ni la de nuestros abuelos, precisan de una motivación especial y de actividades que les susciten cierto interés; de lo contrario no llegaremos a ellos. Nuestro alumnado tiene a diario tal cantidad de información, de impactos y de mensajes con los que no podemos competir. Nuestro libro, las lecciones, en algunos casos me atrevería a decir los contenidos y el temario, no les llegan.
¿No habéis dicho que vuestros hijos cogen el móvil y lo utilizan mejor que vosotros?, ¿que parecen que “han nacido sabiendo”?; pues eso, a nuestro alumnado no conseguimos involucrarlo en nuestros proyectos porque no les dicen nada. Fruto de esto el profesorado en general está evolucionando e incorporan a sus clase metodologías de juegos (de rol –@OscarRecioColl-, de lógica, de mesa…), uso de tecnología (sí, dan la clase con los móviles y emplean Twitter –@montsedelpozo-), hemos vuelto a los métodos de Montessori, los libros están dejando paso a los proyectos… Como veis estamos cambiando porque creemos que es necesario, pero eso no siempre se sabe.
En la enseñanza, además de los deberes hay otras cosas que son necesarias en el proceso del aprendizaje. Por este blog ya hemos hablado en entradas anteriores de la importancia del trabajo en equipo (Hoosier: más que ídolos) , del esfuerzo (Espíritu de sacrificio: las verdaderas batallas se libran en el interior)… Pero nuestros niños tienen que verlo y descubrirlo: deben tener experiencias y debemos dárselas; es decir, no me puedo quejar de un niño que no estudia si nadie le ha enseñado cómo hacerlo. Tenemos herramientas y hay que dárselas.
Pero me voy por las ramas, como casi siempre, creo que antes de realizar una huelga deberíamos plantearnos otros aspectos:
En primer lugar la jornada laboral de los padres: por supuesto que hay que trabajar, pero también deberíamos pasar tiempo con nuestros hijos. Quizás hay que comenzar la jornada laboral antes y terminarla antes. Los niños nos necesitan y merecen jugar, disfrutar, pero no entrar en un colegio a las 7:45 de la mañana y salir a las 18:30 de la tarde. Recuerdo a Adrián , un niño de 3 años, que guardaba en su mochila su chupete y cuando la Seño no lo veía, lo cogía y chupaba con insistencia: aula matinal, clase, recreo, clase, comedor, inglés, multideporte… Y las actividades que iban variando según el día de la semana.¡No hay derecho!
En segundo lugar: no creo que el debate sea tanto deberes sí o no, como ¿cuáles, cómo y cuándo hay que hacerlos? Os digo lo mismo y ahora lo voy a poner en primera persona: con mis hijos he vivido la maestra que mandó algún día más de una docena de problemas de Matemáticas para el día siguiente por no concluirlos en clase; la que les daba los ejercicios el lunes y los niños tenían que organizárselos para entregarlos el viernes; y la que nos preguntó a los padres si queríamos o no deberes. ¿He estado siempre de acuerdo con lo que les han dicho? Pues la verdad, no; pero tengo que confiar en lo que hacen y si veo algo que no entiendo, voy y lo pregunto. No pasa nada, los maestros necesitan que hablemos y nos asociemos con ellos; pero, por favor, no los desacreditemos. He visto muchas cosas, pero ¿desautorizar a los maestros dentro y fuera de las casas? No lo entiendo. No quiero que nos veáis como “los intocables”, tenemos fallos y nos equivocamos, pero hay muchos maestros con una calidad excepcional que a veces no pueden darlo todo porque se encuentran con una barrera familiar y eso les hace desaprovechar el momento. ¿Hasta qué punto creemos que los maestros son profesionales? Vuelvo al tema de siempre, ¿tenemos confianza en nuestros maestros o no? Porque si tengo confianza y creo que va a extraer de mi hija lo mejor, me tengo que fiar de lo que está haciendo, como comprenderéis estoy hablando de la normalidad, sin llegar a ningún extremo.
Aquí me gustaría hacer un inciso, creo que sobre Educación, de la que se habla ahora tanto, existen muchas polémicas: sistemas, leyes, normativas, deberes, tipos de enseñanza, asignaturas, bilingüismo… Personalmente no me disgusta que los padres opinen sobre el tema, al contrario, yo creo que si opinan es porque sus hijos y la educación de éstos les preocupa; de hecho los animaría a que intentemos colaborar entre todos; sin embargo, creo que existen otros cauces para hacerlo. Todos tenemos una tutoría, reuniones grupales, y un delegado/a de clase.
Siendo sinceros los niños aprenden porque les entusiasma algo, debemos tratar la emoción (corriente muy actual), pero también hay conocimientos que debemos mecanizar y afianzarlos (y sólo se puede hacer con ejercicios).
Dentro de este apartado, estaría la elección de los deberes: las actividades tienen una serie de objetivos, que no son sólo el hecho de “repetir”; hay algunas de investigación, de creatividad, de trabajo en equipo, de experimentación, etc. ¿Las actividades generales para los veinticinco?: ¡claro que hay!, a veces abusamos de ellas. Pero seamos realistas, en nuestras clases tenemos muchos tipos de alumnos y cada uno (o grupo) necesita algo: tenemos niños que no llegan al nivel mínimo de la clase, alumnos extranjeros, niños con problemáticas específicas, alumnos por encima de la media, etc. Nuestros grupos son muy heterogéneos y eso es una gran dificultad. En la mayor parte de los casos trabajamos contenidos generales y después se dan algunos aspectos más individualizados; ¿es que pensáis que hay maestros que no lo hacen? En cada tema hay un trabajo específico y concreto, lo que sucede es que cada uno lo hace lo mejor que cree oportuno.
Otra posibilidad es que en cada clase entremos cinco personas diferentes y cada uno ponga muchas actividades; entonces el problema es de coordinación entre el profesorado y habrá que comentárselo al tutor. Por otra parte, hay días más sobrecargados en el horario, pero en Primaria solemos tenerlo en cuenta para no cargar a los niños: en la pizarra dejamos un lateral para ir copiando las actividades de la semana e intentar no cargarlos de tareas.
Respecto al horario de las tarde ( “mi hijo pasa toda la tarde sentado en una silla haciendo ejercicios”), tengo mis dudas: hay niños que tras las clases van al comedor, de allí al conservatorio, al Inglés,… estudian por la noche y se levantan a las seis para nadar, ¿en estos aspectos extraescolares no nos estamos pasando?

Seguro que algún padre, y con razón, me diría que no me metiese en los horarios de su hijo… Pero, estamos solicitando que los niños tengan tiempo libre, ¿no? ¿Y por qué entonces, si no, os reveláis contra la metodología? Como veis creo que hay muchos aspectos que tratar, pero si no perdiésemos de vista nuestra única perspectiva (los niños) mejoraríamos, porque el objetivo sigue siendo el mismo. Los padres, y ahora hago autocrítica, creo que queremos que nuestro hijo/a sea un Messi/ Ronaldo, o Nadal, o Mireya Belmonte, o incluso que destaque en la danza; seguro que habrá mucho talento, pero a veces nos olvidamos que nuestros hijos tienen siete años y quieren disfrutar.
Otro aspecto son los tipos de deberes: y aquí tenemos que diferenciar las etapas por la que va pasando el desarrollo del niño (Infantil, Primaria y Secundaria). El esfuerzo es fundamental, pero podemos enseñarlo e intentar inculcarle desde la clase y desde la casa: la responsabilidad. Por otra parte, el trabajo es necesario pero distingamos edades y objetivos: ¡y eso lo entendemos todos! Un niño de 3 años no puede llegar cada día a su casa con ejercicios por hacer; al igual, que no es normal que pase en el centro desde las ocho de la mañana hasta las tantas de la tarde. Eso es una burrada, nos pongamos como nos pongamos. Igual que tampoco es serio que cada día vean una media de “dos horas y media” de televisión entre semana, niños entre 4 y 12 años, y durante el fin de semana, los valores suban a seis horas (entre ordenador y la tele).
Atendiendo a los medios, a día de hoy es raro el colegio que no tiene ordenadores, pizarras digitales, y emplea la tecnología en sus clases; hay maestros o profesores más involucrados, que interaccionan más, otros más creativos (como el profesor de facultad del vídeo inicial)… Curioso, ¿verdad? Sobre todo teniendo en cuenta que es un profesor universitario y consigue sus objetivos creando emoción, involucrando a la clase y dándoles otras posibilidades y alternativas que les suscitan interés.
Deberes hay de mucho tipos y formas y si no, mirad: de VER es.
Si sois reincidentes en el blog, sabréis que desde aquí nos hemos autopegado algún tirón de orejas por los deberes (Entre maestros y ¿Deberes para el verano?). Otro de los aspectos que deberíamos tratar es la duración de éstos: ¿qué tiempo deben dedicarle nuestros hijos? Pues debería ser finito y acorde con la edad: como padres podríamos preguntarles a su tutor qué tiempo deberían pasar haciéndolos, teniendo en cuenta los descansos y cómo hacerlos.
Otra de las quejas de las familias es que los deberes crean aún más desigualdades, ya que no todos los padres están preparados para ayudar a sus hijos. ¡Efectivamente! Pero los deberes buscan también la autonomía de los niños. Os dejo este enlace de @Smartick sobre cómo corregir algunos errores en los que solemos caer.
Con vuestro permiso os diré que tenemos un momento precioso para trabajar en Educación, es un ente vivo y está cambiando. Los maestros, también: hacemos cursos de Inteligencia emocional, de múltiples inteligencias, de desarrollo de la motivación, del uso de otras alternativas dentro y fuera del aula, de coaching educativo, de uso de la tecnología… y el debate es bueno, siempre y cuando todos tratemos de aunar esfuerzos, porque al fin y al cabo queremos lo mismo, ¿o no?
Pues entonces dejémonos de historias y planteemos un Pacto por la Educación. Tenemos grandes profesionales, aunémoslos y creemos una normativa con sentido, desde dentro hacia fuera, no como la estamos haciendo. Preguntadle a los maestros ¿qué dificultades encuentran?, ¿qué necesitan?, ¿cómo puede el sistema (la Delegación, los inspectores…) ayudarles? Formadnos acorde a nuestras necesidades y exigidnos en nuestro trabajo en la medida en que nos habéis dado.
El debate no es sobre los deberes, el debate importante es ¿qué pasa en la Educación actual? Hacia dónde queremos ir y cómo vamos a lograrlo.
Hoy me parece que ya os he dado bastante la “tabarra”, así que no os dejo receta.
Que nos vaya bonito. Yo también lo deseo.
Maribel B.
@_MaribelBP

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