Para nuestros hijos e hijas somos su referente. Somos el faro que guía sus pasos hasta que puedan desenvolverse como personas adultas. Una vez que hemos interiorizado la importancia de nuestra labor como madres y padres para el desarrollo de nuestros hijos e hijas, vamos a definir qué es la convivencia.

La convivencia es el acto de vivir en armonía dentro de un grupo de personas, en este caso en la familia. Esto no significa que no pueda haber conflictos. De hecho la convivencia no es la ausencia de conflictos. Es más, los conflictos son una oportunidad de aprendizaje para nuestros hijos e hijas, ya que a partir de dichas situaciones de mayor carga emocional se les puede enseñar habilidades para reconocer, comprender y regular sus emociones y las de los demás.

Dificultades para convivir

No obstante, las vacaciones son un periodo del año donde se encuentran más dificultades para convivir en familia debido a diversos factores. Por un lado, los adultos hemos ido acumulando estrés laboral desde las últimas vacaciones, unidas a nuestras obligaciones familiares. Por otro lado, nuestros niñas y niños también han acumulado tensión durante el curso escolar. Sin embargo, debido al momento evolutivo en el que se encuentran, su mayor necesidad es jugar y divertirse.

Esta necesidad de divertirse, unida a la interrupción de las rutinas escolares, hace que pueda haber más peleas entre hermanos/as relacionadas con el mayor tiempo que pasan juntos y las diferencias en cuanto a las actividades lúdicas que quieran hacer. Este hecho contrasta con la necesidad de desconexión de los adultos, ya que los conflictos entre hermanos/as requieren una mayor atención por nuestra parte.

Pautas para mejorar la convivencia

A pesar de lo anterior, vamos a proponer una serie de pautas para mejorar la convivencia familiar en vacaciones. Estos consejos se van a desarrollar en torno a dos aspectos. Por un lado, nuestro estilo educativo o forma de educar, pues influye en los conflictos con nuestros hijos y/o hijas. Por otro lado, qué hacer ante los conflictos entre hermanos y/o hermanas.

En relación a los estilos educativos, se organizan en 2 dimensiones:

Grado de control-exigencias (normas y demandas hacia nuestros hijos/as).
Grado de comunicación-afecto (diálogo y proximidad hacia nuestros hijos/as).

En función del nivel de cada dimensión, se distinguen 4 estilos:

Estilo autoritario: control-exigencias alto y comunicación-afecto bajo.
E. Permisivo: control-exigencias bajo y comunicación-afecto alto.
Estilo indiferente: control-exigencias y comunicación-afecto bajos.
Estilo democrático: control-exigencias y comunicación-afecto adecuados.

Este último, el estilo democrático, favorece el desarrollo infantil/juvenil y promueve la convivencia familiar, por lo que nos centraremos en cómo potenciarlo.

En relación al grado de control-exigencias, es fundamental proporcionarles un control-guía de las conductas adecuadas, explicándole las normas para que las interioricen y verificar su cumplimiento. En el caso de que incumplan dichas normas, lo más efectivo es aplicar la disciplina inductiva, que combina dos principios:

Castigo negativo, esto es, pérdida de privilegios ante una conducta inadecuada.
Refuerzo positivo, es decir, potenciar las conductas adecuadas.

Asimismo, es beneficioso implicar a los hijos e hijas en la vida familiar a partir de tareas o responsabilidades adecuadas al nivel evolutivo.

En relación al grado de comunicación/afecto, es necesario establecer un diálogo abierto y cálido con nuestros hijos e hijas, de forma que podamos conocer sus necesidades e intereses y que se sientan aceptados, lo que fomentará su autoestima. En concreto, lo anterior se materializa en las siguientes pautas:

Explicarles que cuando realicen conductas inadecuadas, pierden reforzadores (tecnología) durante un tiempo determinado ese día (castigo negativo), que podrán recuperar si mejoran su comportamiento. Además de informarles sobre las consecuencias de sus actos, es fundamental supervisar su cumplimiento.

Valorar las conductas adecuadas que realicen (refuerzo positivo en forma de halagos, expresiones emocionales). Un ejemplo sería, en presencia de nuestros hijos/as, comunicar a otras personas las emociones positivas que sentimos cuando realizan un avances en su comportamiento.

En relación a las exigencias de responsabilidades hacia nuestros hijos e hijas, será necesario:

Adaptar las tareas y actividades a la zona de desarrollo próximo (ZDP) de cada hijo e hija, esto es, lo que puede hacer con un poco de ayuda de otra persona. Esto le permitirá ir adquiriendo nuevas destrezas y responsabilidades.

Acordar con todos los miembros un horario familiar para realizar las tareas del hogar y otras actividades más lúdicas (ej. ir a la playa).

Animar a nuestros hijos/as a que realicen las tareas/actividades de forma autónoma y que asuman nuevas responsabilidades. Para ello, se puede utilizar el juego.

Finalmente, para favorecer la comunicación y el afecto, es recomendable:

Construir de forma conjunta “la caja del aburrimiento” para utilizarla en esos momentos. En ella podemos introducir tarjetas con actividades creativas que podrán realizar cuando sientan esa emoción, ya que el aburrimiento favorece la creatividad y el pensamiento divergente.

Crear una rutina diaria (ej. al finalizar la jornada) en la que se realicen pequeñas tertulias familiares relacionadas con el transcurso del día y las emociones que hemos sentido. Estas tertulias podrán llevarse a cabo por turnos, utilizando el juego o el debate, siempre desde la tolerancia y el respeto.

Reconocer las cualidades y habilidades de todos los miembros de la familia y ponerlas en práctica en las distintas actividades cotidianas, favoreciendo la autoestima y el trabajo colaborativo. Para identificar dichos puntos fuertes, se podrá utilizar el “juego de foco”, en el que cada miembro se sitúa en una posición central (el foco) y los demás les verbalizan sus cualidades y habilidades.

Respecto a qué hacer ante los conflictos entre hermanos y/o hermanas, como hemos comentado, son una oportunidad para adquirir distintas habilidades, como la inteligencia emocional.

En este sentido, ante una situación conflictiva, como una discusión en mitad de un juego, es importante que inicialmente haya una descarga emocional por separado. Esto es, que cada hermano/a hable con nosotros de manera individual y que nos cuente qué ha pasado, haciéndole hincapié en cómo se siente…

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