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Temple Grandin

«Me había olvidado de que las personas normales tienen límites»
Sheldon Cooper (The Big Bang theory)

Esta semana quiero presentaros a uno de mis alumnos: se llama Darío. Tiene nueve años y está en cuarto. Lo he visto crecer y aprender mucho. Evolucionar en su comportamiento y hacer cosas increíbles.
Siempre cuento que cuando le daba clase de Educación Física en primero sólo conseguía su atención cuando le cantaba, así que me pasé todo un año buscando y cantando canciones que él supiera; pero no le podía seguir el ritmo: ¡aprendió a cantar el «Pollito Pío» en quince idiomas! Y así con otro tanto de canciones.
Una de las cosas que más trabajo me costaba es que no me dejaba tocarlo. Soy mucho de abrazar, de darles la mano, de chocarla con ellos… pero Darío no me dejaba. A día de hoy ya consigo darle la mano y me abraza, pero un abrazo cortito, ¡tampoco hay que abusar!
Ha pasado por diferentes profesores y con diferentes resultados: había momentos buenos, algunos incomprensibles, ratos malos, miradas perdidas y muchas reflexiones en pasillos. De todos, quien verdaderamente lo entendió y lo atendió mejor fue mi compañera Dioni, ya hablamos de ella hacia finales de febrero.
Lo trataba como a todos los niños, y es que Darío es un niño más, que cada día puede llegar a sorprendernos con alguna ocurrencia; no sé cómo funciona su mente, aunque ya me voy acercando a algunas de sus intenciones: en mis clases le gusta ir por libre; consigo que haga algunas actividades, pero no atraigo completamente su atención; le encanta el gimnasio, pero no para dar clase, sino para montarse en los diferentes carros que hay y esconderse bajo el escenario o subirse a él; le encanta expresar en voz alta su última ocurrencia y sorprender a sus compañeros. Por cierto, lo adoran y cuidan muy bien.
Sus padres son un ejemplo a seguir: pendientes, preocupados e interesados por el presente y futuro de su hijo. Y su hermana, ¡es un cielo!: es una niña un año mayor que él con una sensibilidad especial para tratar a sus diferentes compañeros y a su hermano. Tiene una empatía con ellos que no es propia de su edad y que cada día me sorprende con sus gestos, sus acciones y sus soluciones. Tras ver este vídeo entendí cómo lo ve su hermana.

Darío es autista. Hace unos días celebramos el día del autismo con diferentes campañas para hacerlos presentes en nuestras vidas. No soy mucho de «el día de…», pero en la escuela lo celebramos y hay contenidos que son más presentes que otros; sobre todo si uno de ellos corresponde a uno de mis alumnos. Supongo que lo habréis visto en diferentes medios de comunicación.

Campaña autismo

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En uno de ellos encontré este vídeo: siempre me he preguntado cómo ven el mundo, ¿qué sensaciones perciben?, si en cada momento (o cuando intento centrar su atención) están conmigo o ya se fueron, ¿cuántas cosas son capaces de percibir a la vez?…

Por los diferentes colegios que he ido pasando he tenido niños de este «amplio espectro». Alumnos que desde muy pequeñitos ya estaban diagnosticados y otros que no te decían lo que tenían, porque los niños crecen, evolucionan y cambian…
Es un trastorno neurológico perteneciente al grupo TEA (Trastorno del Espectro Autista), del que se dice de «amplio espectro» ya que son muchas las variantes que pueden tener y se reconoce porque son niños (la proporción es de 4 niños respecto a una niña) que rehuyen el contacto físico y les cuesta relacionarse.
El autismo en bebés y niños

Cuando yo era pequeña recuerdo que mis padres me llevaban a visitar a unos conocidos suyos y había una preciosa niña rubia de ojos azules: era una muñeca. Cada vez que íbamos intentaba jugar con ella, pero apenas me miraba, recuerdo un sentimiento de frustración. Mi madre me explicó que ella no podía jugar conmigo: no es que no quisiera, sino que no sabía cómo hacerse entender; debía de tener mucha paciencia y esperar a que ella diese el primer paso. Su mamá decía que era muy inteligente: se sabía todas las capitales del mundo. Por aquel entonces yo desconocía hasta lo que era una capital.
Es curioso cómo en la Educación hemos variado a la hora de tratar a estos alumnos: mis padres me contaban que ellos tuvieron a niños con este trastorno en clase integrados pero sin apoyo ninguno. Llegaban y hacían hasta donde podían. Hoy día, en función de su nivel y sus características, van a centros específicos o están los colegios habituales asistiendo a aulas concretas: las de Educación Especial (Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje) y a la vez con un apoyo de estos profesionales dentro de su aula habitual en algunas materias.
Fuera del horario escolar hay niños que acuden a actividades como musicoterapia, natación, etc. Fijaos en este vídeo del Informe Robinson. Me encantó.

Nuestros niños y alumnos no tienen limitaciones, a veces somos nosotros los que se las ponemos ¿ Hasta dónde podrá llegar Darío? Estoy segura que sus miran son grandes y su camino ahora es indescifrable, pero en un futuro conseguirá logros que ni nos imaginamos. Para que lo veáis, me gustaría mostraros este vídeo de la protagonista que da título a este artículo; ¡ on todos ustedes la increíble Temple Grandin!:

Hace unos años estando en una reunión de final de trimestre comenzamos a hablar de esta película. Una de mis compañeras la había visto y le preguntaba a otra si la conocía. Cuando comenzaron a hablar de su argumento me quedé enganchada, tanto que la busqué para verla. Si no la habéis visto os la recomiendo. Es una historia de lucha, de aprendizajes, de caídas y de muchas reflexiones.

El curioso incidente del perro a medianoche

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Os recomiendo un libro muy interesante sobre uno de estos niños. Se llama «El curioso incidente del perro a media noche», de Mark Haddon (@mark_haddon).

Estuve planteándome la receta de esta semana: tenía que ser especial. Si hay algo que me sigue sorprendiendo de estos niños es que no sé lo que tienen en su interior. Su mente es un universo variado y único, capaz de sorprendernos. Hoy os voy a dejar una receta especial, son pequeños bollitos rellenos (tipo Berlinas):
Ingredientes:
– 250 gr de harina de Fuerza, con un poquito menos de una cucharita de sal
– 1 huevo
– 30 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
– un dado de levadura fresca
– rayadura de la cáscara de una naranja
– 100 ml de agua
– Aceite para freír
– Azúcar (además de canela, si queréis) para rebozarlas
Elaboración:
Templar el agua y desmenuzar la levadura. A partir de ahí, ir mezclando todos los ingredientes, menos la mantequilla (que la dejaremos para el final): la harina con la sal, tamizada, la rayadura de naranja y el huevo que previamente habremos batido.
Ahora toca amasar hasta conseguir una masa homogénea y manejable. Cortaremos la mantequilla en daditos e iremos incorporándoselo a la masa. Cuesta un poquito de trabajo, pero se consigue. Una vez que estén ligados todos los ingredientes, lo dejaremos en un recipiente con un paño y en un lugar cálido porque tiene que elevar: hay que ir viéndolo, pero entre una o dos horas.

Receta de bollitos rellenos

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Transcurrido este tiempo, volcaremos la masa en un mesa de trabajo y la desgasificamos: debemos amasarla un poco para quitarle el gas que se ha quedado en su interior. A continuación haremos bolitas pequeñas y volvemos a dejarlas elevar por segunda vez: una hora aproximadamente (hay quien las deja en el horno, calentado a 50 grados y cuando mete las bolitas, lo apaga).

Receta de bollitos rellenos

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Receta de bollitos rellenos

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Preparamos una sartén con aceite de oliva y vamos friendo cada una de las bolitas, cuidado que se queman, no pongáis muy caliente el aceite (fuego medio). Una vez fritas se dejan reposar un poquito en papel de cocina para quitarle el aceite sobrante y todavía calientes, muy importante, se pasan por azúcar (yo le echo además canela porque me gustan más). Cuando se enfríen totalmente las rellenaremos con crema pastelera, crema de chocolate, nata, mermelada, etc.

Receta de bollitos rellenos

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¡Buen provecho! Ya me contaréis si os da tiempo a rellenarlas…
Me gustaría dedicar este artículo a las familias de estos niños porque ellos son, en muchos casos, los verdaderos artífices de sus logros. Se preocupan, lloran , ríen, se cuestionan todo, son grandes especialistas, pasan por crisis… pero en ningún momento «tiran la toalla» . Os dejo la carta de esta mamá que me conmovió. Es de una mamá de un club que últimamente tiene mucha presencia y auge en los medios de comunicación: clubdelasmalasmadres.com
Hagamos visible lo invisible.
Que os vaya bonito.
Maribel B.
@_MaribelBP

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