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La red Social

“Lo mejor de tener más de treinta años es que hice todas mis tonterías antes de la existencia de internet”
Mafalda

El año pasado acudí al colegio de mis hijos para una charla con un inspector de policía sobre Educación e Internet. Me llamó mucho la atención porque casualmente en las semanas siguientes yo iba a iniciar dicho contenido en mis clases de Ciudadanía. Cambié mis horarios y el de las actividades de mis hijos para asistir, me interesaba el tema.

Tras la breve charla que nos dio, nos puso un ejemplo que no se me olvida: ustedes no dejan ir a sus hijos solos a la calle y sin embargo abren las puertas de su casa de par en par a internet, a sus hijos y a desconocidos. La verdad es que tras dicho comentario me quedé helada. Y es así.

¿ Hasta qué punto la tecnología se ha metido en nuestras vidas cotidianas? Mis hijos a día de hoy son los “tontos”, como ellos se llaman, que aún no tienen teléfono móvil de su clase. Tampoco están en redes sociales, a lo que añado, y perdonadme la expresión “¡ni falta que les hace!”.

Para el uso de las redes sociales (Facebook, Instagram, Twenty, Twitter…) necesitan tener un mínimo de 14 años o un permiso parental, que en la mayoría de veces ni se cumple, y lo digo con conocimiento de causa: mis alumnos tienen perfiles falsos de mayores de dieciocho años y no llegan a los doce. Se relacionan con compañeros de clase y con otras personas, en principio de igual o mayor edad, pero en general, desconocidas. Creo que cada edad debe tener lo suyo y no adelantar acontecimientos. ¿Por qué queremos que crezcan tan rápido? Les estamos privando de su infancia y adolescencia.

Es cierto, y cada vez con mayor frecuencia, que los maestros solicitamos trabajos de investigación y no hay nada que les motive más que buscarlos en Internet, les encanta Wikipedia. Pero si se los mandamos deberíamos también enseñarles a discriminar este tipo de información. A veces entran en páginas de dudosa credibilidad con publicidad engañosa que les lleva a seguir investigando y a complicarse la existencia.

A lo que íbamos; entre los consejos que nos dio este inspector destacaría los siguientes:

Navega seguro en Internet

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El ordenador debía estar en un sitio frecuentado de la casa, nada de su dormitorio (os quedaríais atónitos si supieseis la cantidad de consultas que hacen los niños en las madrugadas).

– Es fundamental tener un sistema antivirus bueno, de páginas oficiales, por lo que debería ser de pago.

– Hay que actualizar el sistema operativo y tener seguridad en wifi.

– Es necesario tener una contraseña para iniciar las sesiones.

– No son necesarias las webcam; ahora, si la tenemos, ésta debería estar tapada de forma general, y no os alarméis, incluso cuando el ordenador esté apagado.

– No deberían dar datos personales concretos sobre su vida como el domicilio, el teléfono…

No deberían entrar en páginas de juegos desconocidos ya que la publicidad que se da en la mayor parte de los casos no es adecuada para su edad. Y por supuesto, no clickear sobre enlaces desconocidos. Además muchas veces en estos juegos, cuando van pasando pantallas y niveles, les pueden intentar cobrar dinero.

No necesitan redes sociales para hablar con un compañero o compañera, sólo tienen que llamarlo por teléfono o hablar con él en el colegio.

– Y ¡cuidado con las fotos que suben!, tanto a su cuenta como las que se intercambian.

Hay que enseñarles a que aprendan a respetarse y valorarse como personas. Si no recuerdo muy mal había una campaña que les gustó mucho a mis alumnos sobre el uso de Internet que estuvo en una famosa cadena de televisión.

Os dejo dos enlaces interesantes:

– www.cuidatuimagenonline.com
– www.pantallasamigas.net

En esta última podréis encontrar mucha información sobre determinados temas de sensibilización y prevención para vuestros hijos y/o alumnado.

En fin, tras la charla decidí poner en práctica dicho argumentario y llevarlo a mis clases de dos formas: cité a las familias de mi alumnado y en la asignatura estuvimos trabajando un decálogo para uso del ordenador.

 

Decálogo para el uso del ordenador

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Cuando les conté lo que sucedía y por qué se lo estaba dando así no se inmutaron, conocían muchos casos de amigos a los que les había sucedido algún problema. Siempre cuento lo sucedido con una de mis alumnas, que descubrió Facebook por casualidad y creyó que era maravilloso. Era una niña tímida, buena alumna, trabajadora, pero con la que no siempre empatizaban. Decidió buscar y crear su mundo en Internet. Allí conoció a un chico de su misma edad y curso, de otra zona de su ciudad, con el que se escribía a diario. Se enamoró hasta la médula porque él era muy maduro y veía las cosas como ella. Un día se citó con él porque tras seis meses de relación no se conocían físicamente. Ella ya le había contado dónde vivía y todo lo que hacía. Ella quiso que se vieran en un parque cerquita de su casa, pero él le dijo que era mejor para que no los vieran hacerlo en otro lugar más lejos, lo ideal era que fuera sola. Tenía que coger varios autobuses y allí se encontrarían. Esa mañana llegó a la clase nerviosa y nos dimos cuenta que algo le pasaba. Tras mucho insistir me contó todo. Me vi envuelta en un conflicto duro: por una parte no quería traicionar su confianza, pero lo veía todo muy raro. Al final le di un ultimátum: “o se lo cuentas a tu padre o cuando vengan a recogerte lo hago yo”. Después de una mañana muy complicada, llamamos a su padre y ella habló con él. Su padre desconocía toda la historia y tras nuestra charla decidió acompañarla. Él se mantendría alejado y le dejaría su espacio. Al final, fueron, pero aquella tarde no apareció nadie. Cuando llegó a su casa, se metió nuevamente en Facebook y le escribió repetidas veces interrogándole por qué había faltado a la cita. Nunca más obtuvo respuesta.

Esto que parece un cuento os puedo asegurar que se da y a veces con mayor frecuencia de la que creemos. Es cierto que no estamos libres de nada, pero debemos como educadores intentar formar en dichos contenidos desde que comienzan a usar dichos medios:

Cómo proteger a los hijos de los peligros de Internet

El problema de las redes sociales no es sólo quién está al otro lado, sino que a veces entre sus mismos compañeros se pueden hacer mucho daño. El acoso escolar es una realidad dura y compleja que no siempre se hace dentro de los centros. Es muy importantes que eduquemos en este sentido hacia el respeto y la tolerancia del otro. Aquí sólo os daría un par de orientaciones:

– ¡ Cuidado con el whatsapp y los grupos de clase!

– Controlad el tiempo de utilización. Respecto a esto os enseño este enlace que me ha llamado mucho la atención: Tiempo que pasan los niños online

– Debemos notificar el robo de cuenta o de perfil.

– Educad en la confianza para informar y prevenir.

Es cierto que muchos especialistas nos dicen que nuestros niños están aburridos en el sistema actual, no tienen motivación, les aburre, su capacidad de atención es mínima, no aparecen en su vocabulario palabras como esfuerzo o superación, necesitan resultados inmediatos… y ¡claro!, esto es problema de todos. En mi colegio estamos planteándonos trabajar la capacidad de atención y relajación a través del “Mindfulness”.

Por si queréis saber lo que es y cómo se lleva a la la práctica, en cualquier buscador de internet podéis encontrar mil enlaces. Por ejemplo:

www.aemind.es
www.esmindfulness.com

Además de muchísimas aplicaciones para móviles, tanto en Android como en iOs.

Os pongo otro ejemplo de un artículo al respecto, aunque está orientado a adultos: El Mindfulness.

Tendremos que formarnos, ¿no?

Algún día podríamos hablar algo más del Mindfulness. Me lo apunto.

Para terminar os dejo un precioso vídeo, que nos puede ayudar a mostrarles otra realidad lejos de la pantalla:

 

Y ahora la receta: esta semana estuve pensando qué podía hacer relacionado con la tecnología y su utilización y llegué a la conclusión de que lo mejor era hacer algo totalmente contrario: vamos a mancharnos, a experimentar y a pasar un buen rato. Roscos de Asunción: esta señora era una amiga de una conocida de mi madre. Sus rosquillas tenían fama en su pueblo. Un día le dieron a mi madre la receta y como ella no era nada dada a innovar, me la pasó a mí. “Hazla tú, que a ti te gusta probar cosas diferentes y ya me cuentas cómo te han salido”. Pues sí, yo soy un poco como los niños, me aburre hacer siempre lo mismo y necesito variar, encontrar cosas nuevas y probarlas. La receta se pasó bastante tiempo en mi libreta y un buen día decidí hacerla. Os puedo decir que nos encantó.

Roscos

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Ingredientes:

– 2 huevos medianos.
– 9 cucharadas de azúcar
– 9 de aceite frito con matalahuga
– 9 de leche ( mejor entera)
– raspadura de limón y canela molida
– Harina de repostería la que admita (no debemos pasarnos , deben estar tiernos)
– 1 papelillo de gaseosa (de los dobles)
– 1 sobre de Flanín El Niño

Elaboración:

Se fríe el aceite y se deja reposar un poco. Mientras, comenzamos a preparar el resto de ingredientes. Una vez frío, mezclamos el resto de ellos y a embadurnarse. Os recomiendo que os pongáis un poquito de harina en la mesa y aceite en las manos. Vamos a disfrutar, ¿o no? Jajaja. Una vez terminada la masa, se fríen y se pasan por azúcar con canela. Están deliciosos con miel. ¡Qué os aprovechen!

 

Redes sociales vintage

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Internet nos ayuda a todos, siempre y cuando realicemos un buen uso de esta herramienta. Vivamos en el mundo real y no inventado. Además ya hace tiempo que la usábamos: Redes sociales vintage.

Que os vaya bonito.

Maribel B.
@_MaribelBP

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